Pasaron 640 días desde el asesinato de Santiago Murillo para que, en las últimas horas, el presunto homicida quedara en libertad provisional por vencimiento de términos.
Sus padres no salen del asombro, aunque predecían que esto sucediera, y aseguraron con indignación que este es un caso en el que valen más los derechos del asesino que de las víctimas.
!Una desfachatez que en dos años no se previera esto, que se veía venir. Han valido más los derechos de un asesino que los de las víctimas. Aquí hay muchos intereses políticos, institucionales, personales¡, aseguró la madre, Sandra Meneses.
La ley establece que, si han pasado 120 días a partir de la fecha del escrito de acusación y no se haya dado inicio a la audiencia de juicio, el procesado deberá quedar en libertad provisional por vencimiento de términos. El mayor Molano, y sus múltiples abogados, habrían recurrido a una estrategia dilatoria para reprogramar las audiencias hasta cumplir su cometido.
!Fueron manos de altos mandos las que ayudaron a que esto sucediera porque la dilación no fue solo por parte del mayor sino por la negligencia de los mismos jueces que programaban esas audiencias tan lejos. Hacían una en un mes, otra en dos meses¡, dijo el padre, Miguel Murillo.
El juez que dejó en libertad al presunto homicida aseguró que la libertad provisional no significa que el proceso judicial termine, sino que ahora el mayor Molano podrá afrontar el juicio en total libertad y no desde la cárcel donde se encontraba recluido.

