Andrea Estévez, madre de la menor Lauthen Samantha Rico Estévez, denuncia presuntas fallas reiteradas de su EPS en la atención médica de su hija, quien padece múltiples condiciones de salud y lleva, según su testimonio, más de cuatro años sin ser valorada por un neurólogo pediatra.
Samantha convive con epilepsia, retraso en el neurodesarrollo, hipotonía muscular, tic ocular, paladar hendido, autismo y sordera, de acuerdo con el relato de su madre. «Hace cuatro años no la ve un neurólogo pediátrico», afirma Estévez, quien asegura que hace dos años la EPS dejó de entregarle los medicamentos que la menor requiere.
La madre sostiene que varios especialistas han dejado consignada en las historias clínicas la necesidad de terapias integrales, dado que el estado de salud de la niña no permite sesiones esporádicas. «Ya le tienen que hacer las terapias integrales desde la casa», relata, y agrega que desde los tres años se le debían practicar potenciales auditivos para determinar su nivel de sordera, examen que —según ella— tampoco se ha realizado.
La familia vivía en Bogotá, ciudad donde Estévez decidió este año hacer público el caso a través de un canal de noticias local, luego de no obtener respuestas de la EPS. Según cuenta, tras la emisión del reportaje una funcionaria de la entidad se contactó con ella prometiendo atención integral, compromiso que —afirma— no se cumplió. «Lo único que ella me dijo fue que hiciéramos de cuenta que este caso jamás había sucedido», relata la madre.
Por razones de salud de la menor, la familia se trasladó a tierra caliente y llegó a Ibagué el 8 de mayo, donde realizó la portabilidad de su EPS. Sin embargo, Estévez denuncia que desde entonces no ha logrado obtener una cita de Medicina General que permita la remisión a pediatría, pese a acudir a los puntos de atención de la ciudad. «Me ha tocado irme con ella a hacer fila desde las 5 de la mañana (…) solamente reparten 20 fichas», describe.
Estévez afirma que la EPS no le suministra pañales para su hija, quien requiere uso permanente, y que no cuenta con una silla de transporte adecuada ni con los recursos para adquirirla. A esto se suma que, según su testimonio, la entidad tampoco le ha asignado la enfermera cuidadora de lunes a viernes que le habría sido ordenada para acompañar a la menor en sus terapias y en la administración de medicamentos.
La madre relata que asume sola el cuidado de sus tres hijos —Samantha, un bebé de 9 meses y un niño de 11 años—, sin apoyo económico del padre de la menor, a quien describe como consumidor de sustancias psicoactivas. Para sostener el hogar, vende bolis, obleas y helados desde su casa.
Estévez insiste en que las órdenes médicas de años anteriores señalan el caso como prioritario, y advierte que el deterioro de su hija —quien perdió toda su dentadura tras años de medicación— avanza mientras persiste la espera. «Ella no tiene dientes, ella no puede comer por sí sola, ella no puede caminar bien», relata. La menor presenta además bajo peso y episodios recientes de convulsiones.

