En Profundidad

Gaby Obleas: la inspiradora historia de una niña detrás de este emprendimiento familiar

En la avenida Guabinal con calle 69, en los multifamiliares del Jordán, una niña de sonrisa constante recibe cada tarde a quienes se acercan por una oblea. Se llama Gabriela Roncancio Quintero, tiene parálisis cerebral con afectación motriz y epilepsia, y es la razón de ser de Gaby Obleas, el negocio familiar que hoy recorre las calles de Ibagué y las ferias de emprendimiento de la ciudad.

Gabriela es la mayor de tres hermanos. La acompañan Cristian Roncancio, de 9 años, y Juan Sebastián Roncancio, de 4 años, quienes también hacen parte del respaldo familiar que sostiene el emprendimiento. De hecho, su padre menciona a «los hermanitos de Gaby» entre las personas que han sido importantes en este proceso, junto a su esposa y su madre. 

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Santiago Roncancio Lotero, padre de Gabriela y enfermero militar retirado de la infantería de marina, cuenta que la familia llegó a Ibagué hace nueve años procedente de Barranquilla. Antes de las obleas, él y su esposa, Mishell Carolina Quintero Álvarez, se dedicaban al cuidado de pacientes, mientras Santiago mantenía un emprendimiento propio de arepas.

Gabriela nació a las 27 semanas de gestación. Su prematurez derivó en una hospitalización en la UCI, donde un episodio de apnea del sueño le generó una leve falta de oxígeno cerebral que afectó su área motriz. Pese a esto, su padre es enfático: a nivel cognitivo la niña es completamente normal, se comunica con fluidez y —según la describe— es «muy pilosa» y extrovertida.

La idea surgió de la propia Gabriela. En algún momento le pidió a su abuela tener un emprendimiento propio. La abuela, que años atrás había vendido obleas con buenos resultados, decidió darle el «plante» para intentarlo mientras la familia vendía plátano, limonada y hierbabuena por las mañanas. Bastó una foto de Gabriela vendiendo sus primeras obleas para que el negocio se hiciera viral.

Espacio Disponible

Roncancio explica que la diferencia de Gaby Obleas frente a otros negocios similares está en el precio: sus productos van desde los 2.000 hasta los 4.000 pesos, mientras el promedio del mercado ronda entre 5.000 y 16.000 pesos. Para él, esa accesibilidad tiene un sentido más profundo:

«Con nosotros encuentras un producto económico donde todo tipo de personas pueden llegar a deleitarse de una oblea y disfrutar de un excelente momento.»

El padre de Gabriela destaca el papel de la comunidad en este proceso: personas que compran, que donan mercado, que replican sus publicaciones en redes o simplemente se detienen a saludar. Junto a su esposa, su madre y los hermanos de Gabriela, asegura que ese apoyo colectivo ha sido determinante para sostener el proyecto.

Más allá de lo económico, Roncancio resalta un cambio en la personalidad de su hija:

«He visto un cambio de personalidad de mi hija, mi hija se estaba introvirtiendo y con todo esto realmente ya le gusta salir, ya le gusta ponerse en la puerta, acompañarnos en el negocio. Ella misma dice: a mí nadie me tumba.»

La familia sueña con adquirir un food truck que les permita movilizarse con mayor facilidad a las ferias de emprendimiento a las que han sido invitados —hasta ahora deben trasladarse en taxis separados— y con consolidar a Gaby Obleas como una marca reconocida y competitiva en el mercado local.

Roncancio cierra con un mensaje dirigido a jóvenes y padres de familia que atraviesan momentos de desánimo, invitando a perseverar y a mantener la unidad familiar como motor del proyecto.

Pueden encontrar a Gaby Obleas: En las mañanas, de 10:00 a. m. a 3:00 p. m., están ubicados en el carril de bajada de la avenida Guabinal con calle 69. En las tardes, desde las 5:00 p. m. y hasta agotar inventario, atienden en el carril de subida frente al colegio Niño Jesús de Praga. También pueden encontrarlos en Facebook, Instagram y TikTok como Gaby Obleas.