Tolima

Entre el campo y la vigilancia, Darío Soto construye su sueño de ser profesional en la UT

Desde la vereda El Cural, mientras recorre los caminos acompañado de Nelson, su chivo, Juan Darío Soto Prada habla de un sueño que durante años tuvo que aplazar, pero que finalmente logró retomar. Hoy, mientras trabaja como vigilante y continúa con sus labores del campo, cursa la carrera de Seguridad y Salud en el Trabajo en la Universidad del Tolima.

Darío nació en San Luis y desde muy pequeño llegó a Ibagué, donde creció ligado a la vida campesina. Su primer intento de convertirse en universitario ocurrió en 2003, cuando comenzó a estudiar Tecnología en Electrónica. Sin embargo, las dificultades económicas y el nacimiento de su primer hijo lo llevaron a dejar las aulas y concentrarse en trabajar.

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Durante años, aquella meta quedó pendiente. Ahora, con una nueva oportunidad, regresó a la educación superior y asegura que la experiencia ha tenido un significado particular, especialmente por la posibilidad de estudiar cerca de su lugar de residencia.

“Siempre quedé con la expectativa de estudiar y se me dio la oportunidad ahora un poco mayor en la Universidad del Tolima. Ahora aprovecho y valoro la cercanía que tengo en la sede, porque hay personas que vienen de otros municipios y departamentos”.

Sus jornadas no son sencillas. Los sábados asiste a clases desde el colegio Santa Teresa y, en algunas ocasiones, llega directamente después de terminar un turno nocturno como vigilante. Cuando no está trabajando, madruga y baja en motocicleta desde la finca para cumplir con sus compromisos académicos. Para él, estudiar hoy también significa aprovechar herramientas que antes no estaban disponibles.

Espacio Disponible

“Soy de las dos generaciones de la educación, la que se daba a diario y la de ahora que es más digital. La educación ahora es fácil, es solo estudiar, están todas las herramientas. Los tutores, cuando uno tiene alguna duda, están en capacidad de sacarnos de dudas”.

Entre el campo, sus turnos de trabajo, las responsabilidades comunitarias y las clases de los sábados, Juan Darío continúa avanzando hacia una meta que dejó pendiente hace más de dos décadas. Su historia también se ha convertido en un mensaje para quienes todavía creen que estudiar es un sueño reservado para los más jóvenes: nunca es tarde para volver a intentarlo.