Ante la inquietud ciudadana por una posible relación entre el enjambre sísmico del sur del Tolima y el volcán Cerro Machín, el geólogo e investigador Jonathan Ortiz, quien ha desarrollado su trabajo académico específicamente en este volcán, entregó un mensaje de tranquilidad: todos los parámetros de actividad del volcán se mantienen estables.
«El volcán Cerro Machín se encuentra en un nivel de actividad amarillo. Así ha estado ya hace ratico», explicó Ortiz, aclarando que ese nivel —correspondiente a un volcán activo con cambios en su comportamiento— es previo al enjambre sísmico actual y no una consecuencia de él.
¿Podría el enjambre activar al volcán?
Según el experto, para que una perturbación externa afecte la estructura interna del volcán «tendría que ser algo muy fuerte», como un sismo de gran magnitud. Los sistemas, dijo, son «totalmente independientes»: mientras el enjambre se origina a menos de 30 kilómetros de profundidad, la estructura volcánica se ubica entre 90 y 120 kilómetros.
Ortiz también descartó una relación entre la actividad volcánica y prácticas como el fracking o la minería, atribuyendo esos señalamientos a fenómenos «mucho más superficiales» que no guardan relación con el comportamiento profundo del volcán.
El geólogo explicó que el Cerro Machín tiene una característica que lo diferencia de otros volcanes colombianos más conocidos, como el Nevado del Ruiz: no cuenta con un cráter visible ni una abertura identificable por donde salga material de forma constante. «Nosotros estamos familiarizados con el volcán Nevado del Ruiz, que le vemos un cráter, que está la fumarola y todo esto, por allí sale la lava», señaló, explicando que en el caso del Machín, la última erupción liberó tal cantidad de material que terminó por taparse a sí mismo, formando el domo que hoy lo caracteriza.
Ortiz comparó esta condición con una olla a presión: el volcán mantiene actividad interna —fracturas de roca y sismos— sin una salida constante, lo que hace que una eventual erupción futura implique «destapar lo que quedó tapadito». El volcán sí conserva fumarolas activas a su alrededor, por donde emana vapor a través de los llamados respiraderos, aunque esto no representa por sí solo un cambio en su nivel de alerta.
El experto insistió en que la actividad geológica del Machín no debe interpretarse como una amenaza en sí misma. Recordó que los suelos volcánicos de la región —en sectores como Cajamarca y Anaime— son altamente fértiles y sustentan buena parte de la producción agrícola de la zona: «no es nuestro enemigo, el problema es que nosotros nos terminamos poniendo la zancadilla porque construimos al lado del volcán», afirmó.
El mensaje final: preparación, no pánico
El geólogo cerró su intervención con un llamado a mantener la calma sin restar importancia a la preparación ciudadana. Explicó que, aunque existen registros de al menos cuatro erupciones históricas del volcán y un promedio cercano a los 900-1000 años entre eventos, esto no significa que una erupción sea inminente ni que pueda predecirse con exactitud. «No es que nosotros queramos esconder algo y no decirle a la población; hay que estudiar los fenómenos naturales, pero más allá de poder predecir, necesitamos estar siempre preparados», concluyó.

