Óscar Barreto anunció que quiere volver a gobernar el Tolima. No se trata de una candidatura más, sino del regreso del dirigente que durante más de dos décadas ha construido la organización política más sólida del departamento y que hoy representa la unidad del Partido Conservador.
Lo digo con franqueza: Óscar Barreto es mi amigo. Conozco al ser humano, su disciplina, su capacidad de trabajo y el amor que siente por esta tierra. Pero esta no es solamente una opinión nacida del afecto. Su trayectoria, su obra y sus resultados están a la vista.
Barreto nació en el sector rural de Chapetón, conoce el campo y entiende las dificultades de quienes viven lejos de las oficinas del poder. Desde allí construyó una vida pública que lo llevó dos veces a la Gobernación y posteriormente al Senado. Sus gobiernos dejaron inversiones en vías, educación, salud, seguridad, infraestructura, cafés especiales y apoyo al campesinado. También consolidaron una manera de gobernar recorriendo los municipios, escuchando a las comunidades y manteniendo contacto directo con la gente.
Su tercera aspiración no nace de la improvisación. Nace de una obra, una organización y una relación con los tolimenses construida durante años.
Ricardo Orozco, Giovanny Molina y Fernando Borja tienen méritos, liderazgo y futuro político. Pero este no debe ser el momento de las vanidades ni de las divisiones. Rodear a Barreto no significa renunciar a sus proyectos; significa comprender que la unidad de hoy puede abrirles las puertas del mañana. El verdadero liderazgo también consiste en saber cuándo competir y cuándo sumar.
Barreto es quien puede reunir al conservatismo, evitar una ruptura interna y convocar a otras fuerzas políticas y sociales. Su nombre ofrece experiencia, autoridad, resultados y una estructura presente en todo el territorio. Nadie dentro del partido reúne actualmente esas condiciones con la misma fuerza.
Tampoco se observa por ahora una candidatura externa capaz de amenazar seriamente ese liderazgo. Guillermo Alfonso Jaramillo llega con un enorme desgaste nacional y graves cuestionamientos por la crisis de la salud y por el manejo de los recursos públicos durante su paso por el Ministerio de Salud del gobierno de Gustavo Petro, asuntos que han provocado la intervención y vigilancia de los organismos de control. Más que una fortaleza electoral, hoy carga el peso político de una gestión ampliamente controvertida.
Andrés Hurtado, por su parte, enfrenta una condena de primera instancia por peculado por uso, relacionada con la utilización indebida del estadio Manuel Murillo Toro. Aunque la decisión fue apelada y se encuentra pendiente de segunda instancia, ese proceso representa una dificultad jurídica y política evidente para cualquier aspiración departamental.
Esto no significa que la elección esté ganada. En política, la arrogancia suele ser el comienzo de las derrotas. Barreto deberá escuchar nuevas voces, renovar liderazgos y demostrar que un tercer gobierno no será una repetición del pasado, sino una nueva etapa de desarrollo para el Tolima.
Óscar Barreto y el Partido Conservador comienzan como los favoritos para la Gobernación. Tienen historia, estructura, resultados, presencia territorial y la posibilidad real de presentarse unidos.
Los dos primeros tiempos de Barreto dejaron huella. Ahora comienza el tercero: el de la experiencia, la unidad y el legado.

