Desde el pasado domingo 20 de septiembre, los municipios de Chaparral, Rioblanco, San Antonio y Roncesvalles, en el sur del Tolima, registran una seguidilla de sismos que hoy supera los 650 eventos. El fenómeno, conocido como enjambre sísmico, mantiene en alerta amarilla a Ibagué y en alerta naranja a los municipios más afectados.
¿Qué es un enjambre sísmico?
El geólogo Jonathan Ortiz, investigador académico en vulcanología y especialista en hidrogeología, explicó a El Irreverente Ibagué que la principal diferencia con un sismo convencional es la ausencia de un evento principal seguido de réplicas. «Vamos a tener una gran cantidad de sismos y dentro de ellos no vamos a tener solamente un sismo principal», señaló.
En Chaparral, dijo, se están presentando «distintos sismos de diversas magnitudes en un periodo de tiempo muy corto», una característica que —según explicó— es atribuible específicamente a este tipo de fenómeno.
Del total de sismos registrados, la mayoría corresponde a magnitudes entre 2 y 4. Alrededor de 20 a 22 eventos han superado la magnitud 4, «un número considerable para tan poco tiempo», según el experto.
¿Qué tan profundo, qué tan peligroso?
Ortiz explicó que la profundidad es clave para entender el riesgo real de estos eventos: entre más superficial se origina un sismo, con mayor intensidad puede sentirse en superficie, porque el movimiento pierde energía a medida que viaja hacia arriba desde su punto de origen. Sin embargo, aclaró que el nivel de peligro no depende solo de la magnitud, sino de la vulnerabilidad de cada construcción: una edificación que cumple la norma de sismorresistencia no va a responder igual que una que no la tiene, ni con los mismos materiales.
El llamado a la calma frente al miedo colectivo
El geólogo también se refirió al desgaste emocional que ha generado la incertidumbre en la comunidad tras cinco días de sismos constantes. Insistió en que, aunque el miedo es una reacción normal, ceder al pánico puede resultar más peligroso que el sismo mismo: recordó casos de personas que han terminado lesionadas o muertas al lanzarse de balcones o ventanas durante temblores, sin que la estructura estuviera realmente comprometida. Por eso, dijo, la recomendación ante cualquier sismo es simple: mantener la calma, verificar que no haya objetos que puedan caer cerca, y dirigirse con tranquilidad hacia un punto de encuentro al aire libre, alejado de edificaciones.
¿Hasta cuándo?
Ortiz fue enfático en que estos fenómenos no se pueden predecir en tiempo ni en magnitud: «no podemos predecir ni cuándo, ni dónde, ni la magnitud». Puso como referencia lo ocurrido en el Chocó tras el terremoto del 10 de agosto, donde persisten réplicas más de un mes después, como muestra de que el proceso de liberación de energía puede prolongarse por semanas o incluso meses.

