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OPINIÓN 24-07-2021

Delirio de doctoritis aguda

Delirio de doctoritis aguda

Por: Alejandro Rozo


Con el inmenso respeto que le tengo a todos los “doctores” que conozco, quiero explicar que la palabra DOCTOR, se puede otorgar a: 1. “Persona que ha conseguido el último grado académico en la universidad, después de haber defendido una tesis doctoral”, o, 2. “Persona que se dedica a curar o prevenir las enfermedades, aunque no tenga el doctorado”. Sin embargo, tan mal utilizada palabra, se ha convertido en una expresión de respeto para referirse a cualquier persona.

Cuando inicié mi vida laboral, muy joven, por cierto, en mis primeros días me sorprendía cuando que me llama doctor, la verdad al principio se sentía algo incómodo, pero como todo, me fui acostumbrando, aunque siempre hacía y hago énfasis en que me llamen por mi nombre.

El caso que quiero abordar en sí, y a lo que realmente me quiero referir en este escrito, es sobre aquellos que si exigen que se les diga “doctor”, por lo que ambientaré con esta historia: Hace unos años, fue nombrado en la Alcaldía de Ibagué, en uno de esos cargos de libre nombramiento y remoción que se dan después del primero de enero cada 4 años, un conocido amigo; el hombre a quien distinguía desde tiempo atrás, muy seguramente tenía su título profesional, requisito necesario para haber sido designado en el cargo, no tenía una muy buena apariencia y su forma de hablar era más bien tosca. Por cosas de la vida requerí ir a su despacho para solicitar una información relacionada con mis actividades profesionales, lo saludé por su nombre, me despedí por su nombre, lo traté de manera amable y con la frescura que me caracteriza, noté que algo no estaba bien, sin embargo, seguí mi camino.

Días después, requerí nuevamente visitar al personaje para continuar con el trámite administrativo que me correspondía realizar, afortunadamente me lo topé en la entrada de su oficina, por lo que lo abordé sin más preámbulos solicitando lo requerido……, me contestó, por favor comuníquese con mi secretaria, a lo cual accedí amablemente. Una vez entable conversación con la secretaria, una mujer con ínfulas de superioridad, me dijo de manera tajante, al “doctor” no le gusta que lo llamen por su nombre, es un irrespeto por la dignidad del cargo que ocupa….., me quede sin palabras ante tamaña exigencia, ahí si entendí por qué era la cosa, el hombre a quien había conocido años atrás, estaba más que inflado por su cargo y exigía a sus subalternos que le dijeran “doctor”.

Así como el pintoresco amigo, existe una cantidad de personas que se sienten irrespetadas o por debajo de su nivel de autoridad o despreciadas por su interlocutor al no ser catalogadas como doctor o doctora. También existen personas que cuando se les dice doctor, responden, gracias por el título, pero advierto que aún no ostento el título de doctorado. Aunque por simple que pueda parecer, es una actitud sincera y de admirar.

En Estados Unidos, Europa, Australia y otros países, cada persona, independientemente de sus títulos o nobleza, es llamada por su nombre, para ellos suena extraño ese remoquete de doctor, quizá en México, y alguno que otro país latinoamericano esto pueda ser normal, pero en el resto del mundo, nada que ver.

Por esas cosas del destino, tuve la casualidad de acompañar a un buen amigo, doctor en Economía y PhD en ciencias económicas, a un evento organizado por la Universidad Nacional, un encuentro de doctores y post doctores, donde se debatía sobre la difícil situación de tan renqueados y sobre valorados profesionales para conseguir trabajo en Colombia, noté que, a pesar de estar en un círculo de verdaderos doctores, el ambiente era muy normal, se llamaban por su nombre, eran sencillos y joviales, algo realmente grato estar rodeado de tantas mentes brillantes, científicos e investigadores que ni usaban corbata, ni exigían ser llamados doctores a pesar de su preparación y prestancia intelectual.

Pido disculpas a todo aquel amigo “doctor”, que se sienta ofendido por estas apreciaciones, realmente no espero herir susceptibilidades, muy seguramente cuando me los encuentre por la calle o en alguno de sus despachos u oficinas, no les llamaré por su nombre, y si les diga doctor, esto con el ánimo de evitar cualquier tipo de molestia.

Lo anteriormente descrito, hace parte del pensamiento sumiso y convergente que caracteriza a los colombianos, es parte de nuestra idiosincrasia y del arraigo paternalista con el que nos educaron.

En honor a todos los honorables doctores, en honor a esos que se han esforzado por alcanzar tan importante y noble título académico o de las ciencias de la salud. 

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