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OPINIÓN 21-03-2021

La impune mermelada

La impune mermelada

Por: Ricardo Cadavid

Esta semana, en un diario regional, se publicó una columna que hablaba de la corrupción en la contratación pública. La columna fue muy certera en todo, solo que, como habitante de la región, creo que es importante hacer un enorme hincapié sobre los espacios en los que tal corrupción acampa horonda y rampante, sin que pase absolutamente nada.

Desde el primer gobierno de Santos, se inició una estrategia de comunicación para mostrar que las regiones eran un nido de alcantarilla corrupto, que había que limpiar de raíz, y para ello, lo que había que hacer era quitarles a los departamentos el manejo de las regalías y pasarlo a la administración central, tan pulcra ella, tan límpida, tan llena de transparencia, de pureza, de áurea blancura, digna de, digamos, un Nóbel de paz. Y el Congreso apoyó el esperpento. ¡Nuestros amados congresistas! No había visto un compromiso tal, de nuestros congresistas, con el desarrollo regional, desde los tiempos de estadistas ilustres como Regina 11 o Moreno Descaro (que es, digamos, el perfil destacado al que la política de hoy, nos tiene acostumbrados).

Para un manejo adecuado de los cuantiosos recursos, ahora en poder del ejecutivo central, se procedió a fortalecer a los entes de control de manera tan asombrosa, que uno no puede más que sentirse orgulloso de la eficiencia de la justicia colombiana, que es un ejemplo ante el mundo.

Solo para poner un ejemplo, mientras en países como Perú, Brasil y Panamá, están implicados por el caso de Odebrecht, expresidentes como Umalla, Kuczynski, Toledo, la familia Martinelli todita (presidente, esposa e hijos), Lula Da Silva, entre otros (y hasta se suicidó Alan García); acá, en Colombia, los sabuesos de la Fiscalía ya tienen atrapado al jefe de la campaña de Santos y al director de una Agencia de Infraestructura.

Cómo no sentirnos orgullosos de la Fiscalía y de nuestra justicia, que se han encargado de promover un manejo intachable de las regalías que les quitaron a las regiones. Dicen que, en su promesa de llegar hasta el fondo del asunto de Odebrecht (que al parecer   involucra a poderosos personajes del sector financiero), ya tienen en la mira a un mensajero de una sucursal del Banco Agrario, que está cerquita de una sede del Banco Popular. También han vinculado al celador de una de las sucursales del Banco de Bogotá, a quien se le quedó la tarjeta debito atorada en un cajero, en los mismos meses en que se dio el soborno a diversas campañas presidenciales. El exfiscal Néstor Humberto Martínez, antes de viajar a sus obligadas vacaciones, dirigía una rigurosa investigación contra el Grupo Aval, que dio con la captura de este celador, del mensajero, y sometió al escarnio público a un sospechoso indigente que cuidaba los carros parqueados a la salida de una sucursal del Banco AV Villas.

Dado que se han comprometido a desentrañar la compleja red de paraísos fiscales en el Caribe, donde se consignaban parte de los sobornos de la multinacional, en sesuda investigación criminal, que puso en jaque al sector financiero, se rumora que capturaron a un verdadero “pez gordo bancario”: un bacalao que perseguía un banco de sardinas en el golfo de Morrosquillo. Algunos presumen su inocencia y la ONG Green Peace, promueve marchas a su favor, pero se sospecha que todo es parte de un montaje de la oposición para que suelten al “pez gordo”.

En un arrojo de atrevimiento y compromiso social, en la Contraloría y en la Fiscalía pidieron la pena de muerte para 14 novillos que estaban asoleándose impunemente en el tramo II de la Ruta del Sol y mandaron a esterilizar a un perro que estaba orinando cerca de un peaje de la concesión de la vía que conduce a Santamarta. ¿Cómo dudar por un instante del límpido manejo de los recursos que les han quitado a las regiones?

Municipios y departamentos llevan siendo pisoteadas por el gobierno central, desde las épocas de Santander y de Bolívar. Esa es una guerra que no ha concluido, y el motivo de la desavenencia no ha cesado. En repetidas oportunidades leí columnas del exgobernador Óscar Barreto, haciendo un férreo reclamo sobre el tema, y en más de una ocasión, lo escuché reclamarle sobre el particular, al presidente de la mermelada, con respeto, pero con firmeza.  

Necesitamos a todas las regiones reunidas en torno al tema. Necesitamos líderes a quienes no les tiemble la voz en el Congreso ni en los departamentos, porque nos están desangrando impunemente y de frente, y por ahí, de vez en cuando, terminan mandando a la cárcel a un alcalde de un pueblito de quinta o de sexta categoría, mientras quienes son cómplices  de la debacle de más del 80% de los recursos que se escurren silenciosamente  por los bolsillos de hombres probos (literalmente probos… probolsillos), se pasean por los corredores de los ministerios, de las grandes entidades financieras, del congreso, a la vista  de jueces, magistrados y congresistas más enmermelados y endulzados que pareja untada de Nucita en un motel.

En las regiones nos comimos el cuento de que acá, no solo somos ladrones, sino, además, ineficientes, y que Bogotá es la argenta alfombra de la honradez y la eficacia. Para lograr una mayor transparencia en la contratación, llevan cacareando dizque los “pliegos tipo”, pero pareciera que un “pliego tipo”  no es otra cosa que el conjunto de condiciones necesarias para entregarle la contratación a un “tipo” determinado, con las consabidas adiciones de tiempo, de recursos, de nuevos plazos, de vigencias futuras, de impunidad; y ocasionando la mayor desgracia de todas: una ciudadanía cansada, un desasosiego masivo de generaciones enteras que no creen que la política valga la pena; mientras los entes de control cacarean su logro non plus ultra: apresar a un alcalde en Titiribiqui y tumbar dos concejales en Caparrapí.

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