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OPINIÓN 13-09-2020

Reforma Estructural a la Policía Nacional

Reforma Estructural a la Policía Nacional

Por: Gustavo Osorio

Los eventos catastróficos a los que los colombianos asistimos la semana que termina, que tuvieron como detonante un acto de abuso policial, y que dio como resultado un civil injustamente asesinado en la ciudad de Bogotá, nos obligan a reflexionar sobre la imperiosa necesidad de realizar profundas reformas al interior de la institución policial.

Para ello, debemos prestar especial atención al estudio o análisis entregado por el Intitute for Economics and Peace (IEP)  y la international Police Science Association (IPSA), en este informe se hace referencia a cuatro puntos fundamentales para poder diagnosticar nuestro cuerpo de policía y sobre esos resultados proyectar una reforma que resulte eficaz, siendo ellos:

1. Capacidad: Mide el número de agentes

2. Efectividad: Mide cuán bien se usa la policía y la capacidad de la justicia. Bajo este índice también se valoran aspectos como la corrupción

3. Legitimidad: Mide la percepción de si la policía actúa en el mejor interés del país y sus ciudadanos. El uso de la fuerza por parte de los agentes se seguridad contra los ciudadanos es uno de los elementos que se tiene en cuenta en la medición

4. Resultados: Mide el tamaño de las amenazas existentes a la seguridad interna: número de crímenes, homicidios, etc.

De acuerdo a los anteriores postulados, tenemos entonces actualmente Colombia tiene un cuerpo de policía conformado por aproximadamente 167. 623 personas, para una población de casi cincuenta millones de habitantes, lo que nos da un número de policías por cada 100 habitantes muy por debajo de los índices internacionales, situación que denota en poca o escasa capacidad de reacción, que finalmente con lleva a un alto grado de insatisfacción del servicio por parte del ciudadano que ve frustrada sus expectativas respecto de los resultados del cuerpo de seguridad.

En cuanto a la medición de efectividad y su capacidad de justicia, vale recalcar, que en este aspecto se contrasta directamente contra uno de los factores de mayor interés para la ciudadanía, el cual es el nivel de corrupción por parte de esa fuerza policial analizada. A mi entender, este es el principal elemento que deben ser inmediatamente atendidos en una eventual reforma.

La autoridad y el respeto que deben acompañar a un policía cuando porta con honor el uniforme, no se debe imponer  con el uso desmedido de la fuerza, esa autoridad, ese respeto deben ser de la esencia de cada policía, al punto de no requerir armas para imponerse, debe bastarse con su sola presencia entre los ciudadanos para que ese respeto que se debieron saber ganar como institución, no permita grado de discusión en el ejercicio de restablecer el orden público, prevenir el delito y asegurar a los delincuentes.

Pero lastimosamente esas características de respeto y autoridad que deberían acompañar a cada policía fueron vendidas por algunos miembros de la institución que sucumbieron en actos de corrupción, y que concluyeron en la desconfianza que los ciudadanos hoy tenemos por la institución y sus miembros.

Cada vez que un policía de movilidad permitió que mancharan su honor con la dadiva; cada vez que la vigilancia sucumbió a recibir o exigir dinero a los comerciantes para extender los limites permitidos; cada vez que un policía se asoció con el microtraficante y pasaba por los expendios de droga no a ejercer el control y a imponer la ley, sino por su parte en el negocio; y muchos otros actos más, acabaron con la confianza que los ciudadanos deberíamos tener respecto de la institución y perdieron autoridad, legitimidad y respeto frente a los ciudadanos, que hoy en gran número los ven como unos delincuentes más y, no como el policía que tiene el deber de protegernos.

La Legitimidad de la institución policial está gravemente afectada como consecuencia del proceder abusivo de autoridad de algunos de sus miembros  respecto de los ciudadanos, como consecuencia de esa pérdida de autoridad y respeto y el alto grado de desconfianza del ciudadano respecto del policía, algunos miembros de la institución han encontrado equivocadamente en el uso de la fuerza la solución a su expectativa de que el ciudadano obedezca sus directrices, y resulta que estos hechos de violencia policial hoy por hoy masivamente conocidos en tiempo real gracias a las redes sociales y a la facilidad de grabar, contribuye a que cada día la institución pierda más la legitimidad.

Los resultados, que es el cuarto elemento a tener en cuenta, en estos momentos dejan muy mal parada la institución policial: Cada día el crimen organizado tienen más capacidad, más poder, y dentro de ese amplio espectro que es la delincuencia común, el hurto simple y el homicidio, se incrementan en las ciudades y en los poblados, dejando en el ciudadano un sin sabor de inseguridad, que incrementa su sensación de que la situación no se está manejando de la mejor manera de parte de la policía y que se está permitiendo que el delincuente cada vez tenga más capacidad de dañar a los ciudadanos de bien y a sus pertenencias.

La reforma debe iniciarse en el corazón y en la conciencia de cada policía y de cada ciudadano, debe hacerse un borrón y cuenta nueva, el ciudadano debe disponerse a dar una segunda oportunidad a su policía y la policía nacional debe adquirir ese compromiso con la mayor seriedad, sacando de su institución a las manzanas podridas y concientizando a quienes queden y se disponga sobre el grado de responsabilidad que implica ser policía y las consecuencias nefastas que el mal actuar de un solo policía en el ejercicio de sus funciones, puede conllevar para la seguridad del país, pues esta semana el mal actuar de dos policías generó en el incendio de gran parte del país y en la muerte de siete personas más.

Honor, honradez y honestidad son conceptos que deben quedar grabados en cada centímetro de piel de cada policía y entender por fin que más que autoridad son servidores públicos.

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