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OPINIÓN 09-08-2020

Colombia debe abandonar para siempre al uribismo y al Centro Democrático

Colombia debe abandonar para siempre al uribismo y al Centro Democrático

Por: Gustavo Osorio

Antes de iniciar el desarrollo de esta columna, quiero que quede claro tal cual como se escucha en la canción del maestro Facundo Cabral “no soy de aquí, ni soy de allá” pero igualmente hay algo que definitivamente jamás apoyaría, ni deseo para mi Colombia y es que, como también lo dice otro maestro de la música latinoamericana Charly García en su canción “Yo no quiero Volverme tan loco” y es que nunca me quiero vestir de rojo.

Fijadas las anteriores premisas, que no significan otra cosa más que no soy Uribista, pero tampoco comparto las ideas políticas de la izquierda y no es mi deseo que a nuestra Colombia la rija un régimen socialista y/o comunista, porque he leído, he viajado, conozco y entiendo las nefastas consecuencias que dicho sistema de gobierno trae a los pueblos, resumidos en absoluta pobreza y hambre, pero sobre todo la frustración que trae consigo el igualitarismo y es la imposibidad total de ascenso económico y social, en este tipo de Estados los sueños y los anhelos que son inherentes al ser humano, son inalcanzables.

Así las cosas, es necesario decirle hoy a todos mis lectores con respeto, pero con absoluta responsabilidad, que por favor se mantengan en el Centro, Colombia debe abandonar de una vez y para siempre al uribismo y al Centro Democrático, pues es un partido político sin ideología y sin filosofía, que resume todo su ideario en la fotografía de un solo hombre, que alienta el caudillismo, que es uno de los peores enemigos de una democracia y que si no se frena a tiempo, nos puede llevar al autoritarismo.

En Colombia debemos mantener la armonía política tomando una posición de centro, respetando las decisiones de nuestros jueces e igualmente las garantías y los principios individuales como lo es la presunción de inocencia, la situación jurídica de Álvaro Uribe Vélez y su interrelación con su investigador y Juez natural debe tratarse en el marco del proceso que se sigue.

Debemos dejar de dar opiniones respecto de un asunto que desconocemos, pues podría apostar con total seguridad, de no equivocarme, que ninguno de nosotros a hoy hemos leído ni siquiera la decisión que impuso la medida de aseguramiento contra Álvaro Uribe, mucho menos conocemos la información que hay en miles de miles de hojas y grabaciones que hacen parte del expediente, para que irresponsablemente emitamos conceptos a priori que más obedecen a las pasiones políticas, que rigen nuestras vidas. Porque los verdaderos aportes deberían hacerse desde el conocimiento real de la situación y en el marco del derecho penal.

Comentarios, unos que atentan contra la institucionalidad representada en los jueces y en la rama judicial; que dañan terriblemente la credibilidad ciudadana en la justicia, afectando la seguridad jurídica que es uno de los parámetros más importantes para atraer la inversión extranjera y otros que condenan a un ciudadano hasta ahora investigado, contra quien no existe sentencia condenatoria vigente y a quien se le debe respetar y garantizar la presunción de inocencia.

En este punto y una vez concientizados de la posición que como colombianos debemos adoptar frente al caso Álvaro Uribe, nos corresponde ser responsables con forjar una nueva Colombia y cerrar para siempre el capítulo de la polarización entre izquierda y derecha; pensar en una patria de unidad que entregue su confianza a Dios, como alguna vez lo hizo los Estados Unidos y así lo consignó en el billete de un dólar y desde ahí, convocar a los verdaderos partidos políticos liberales y conservadores, que son los únicos que cuentan con un ideario y una filosofía política seria, a que se reformen y se actualicen y convoquen grandes movimientos ciudadanos que los nutran para, ahí sí, desde el centro, pensar en un hombre o una mujer que en las próximas elecciones se gane la confianza de los colombianos e inicie el camino hacia una nueva Colombia.

Una Colombia que deje a tras a las FARC EP y a las AUC, que no permita la creación de partidos políticos de mentiras que salen a vender avales y después desaparecen, que rebaje la inversión en el gasto militar e invierta en educación, en salud, en tecnología y en ciencia que, como en algún momento nos condenó positivamente un mandatario de un país vecino, pudiésemos ser “la Israel de América Latina”.

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