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OPINIÓN 02-08-2020

La Ibagué subterránea ¿verdad o mito?

La Ibagué subterránea ¿verdad o mito?

Por: Gustavo Osorio

Coloquialmente se comprende como leyendas urbanas a todas aquellas narraciones perteneciente al folclore cotidiano, que se desprenden de las creencias populares, y la mera superstición. Contienen estas elementos sobrenaturales, inverosímiles o hiperbólicas presentados como hechos basados en la realidad que ocurren en la actualidad, y que cobijan tanto a una parte específica de la población, como también a un elemento de zona o área respectivas de una ciudad o población.

Las leyendas urbanas son transmitidas de forma oral, afirmando lo que le ocurrió a un amigo de un amigo, o conocido lejano, siendo con el paso del tiempo y del salto entre boca en boca modificadas, hasta deformarse, pero dejando una huella cultural imborrable en cada generación.

Nuestra querida ciudad de Ibagué, no es ajena a esta clase de susurros y narraciones que se comparten entre amigos y vecinos mientras se toman un café. Tenemos la consabida leyenda de la señorita apesadumbrada que le hace el pare a un taxista para que le haga una carrera a cierta dirección, ella se monta al vehículo y cuando están a punto de llegar, el conductor mira de soslayo por el retrovisor y descubre atónito que la pasajera ha desaparecido, ya que se trataba de un fantasma. Así también tenemos leyendas como la del espectro de un fraile, que se sitúa en el Barrio El Libertador, pero que se dedicó a beber licor y los juegos de azar. En una variación de la leyenda urbana del fraile, se dice que este enamoró a una encumbrada y fina señorita y que trató de huir con ella por medio de los túneles que van desde el Parque Centenario hasta el Barrio Especial El Salado, pero que se perdieron y murieron; por ello la gruta que se encuentra en el parque ya señalado, se llama la gruta del fraile.    

Todo lo anterior como elemento sociocultural está muy bien y es, una parte integral de nuestra idiosincrasia y hace parte de nuestro ADN folclórico. Pero... ¿Y si alguna de estas leyendas o decires populares, tienen un asidero en la realidad y nos afecta más de lo que en un principio ingenuamente imaginamos?

Pues bien, los ciudadanos que pasamos por diferentes motivos y circunstancias debemos transcurrir alrededor del Parque de la Música, usualmente observamos el mismo panorama una y otra vez, sin mediar el día o la noche. No sólo hablamos de habitantes de calle y de desarraigados en el sector, sino también personas que aparentemente no están en la misma condición de los ya nombrados, sino que da la sensación de que se dedican a otras actividades de existencia aún menos míseros y de penuria, y que nos llevan más bien a pensar que éstos últimos tienen intenciones veladas y sombrías.

Nos lleva ello a reflexionar acerca de que, si bien dicha área de la ciudad se encuentra enclavada en las cercanías del ala administrativa del municipio, de que trae consigo las inequívocas señales de la existencia de lo que popularmente suele ser denominado como una posible “olla”. Sin ánimo de generar estigmatización ni generalidades, si es de conocimiento comunal que por las zonas aledañas, algunos habientes del Barrio San José y parte de la carrera 1ª en nuestra ciudad, reside toda una organización hábilmente estructurada, que no sólo se ha favorecido de la misma cercanía al centro de Ibagué para cometer fechorías, sino que además, al parecer, cuentan con rudimentarios, pero elaborados escondites bajo la tierra, es decir, en túneles que por años ellos mismos han poco a poco construido y que, allí rige otra ley y son otros quienes gobiernan dicha comunidad.

Muchos de los comerciantes del Barrio la Pola y de la carrera 1ª, dan fe de la existencia de esta comunidad bajo la tierra, en este sector céntrico de la ciudad. Cuentan que por su laberinto de túneles se escabullen muchos de los ladronzuelos y demás delincuentes que cometen sus fechorías por la carrera 1ª, para huir de la persecución de los afectados o bien de la policía. Básicamente se los traga la tierra y no se les puede dar alcance.

Así mismo, afirman quienes conocen de esta actividad ilegal, que la autoridad conoce de su existencia, pero que se les ha dificultado su ingreso a verificar las actividades que se realizan en su interior.

Solo el paso del tiempo y el oportuno actuar de las autoridades competentes, nos dirá si este rumor es una historia o una leyenda, si la ciudad bajo la tierra realmente existe; y sabremos como se mantiene el orden y la convivencia en su interior, o qué cosas terribles se pueden estar viviendo allí, tal vez estemos frente a un “Cartucho” en nuestra Ibagué, que ha venido creciendo bajo el camuflaje de ser una leyenda.

Dicen que una de sus entradas estaría muy cerca del parque de la música, los habitantes del sector dan testimonio de personas que se ven entrando y saliendo del interior de la montaña.

Siempre se ha sabido que en Ibagué, existen muchas cosas ocultas: una economía subterránea que se da el lujo de comprar torres de apartamentos de quinientos millones, servidores públicos con caballos de doscientos millones, funcionarios que se ganan diez millones mensuales y tienen casas de dos mil millones y carros de trescientos millones y los hijos estudiando en el exterior y se creen los dueños de la moral y las buenas costumbres, con el derecho de juzgar a otros, criticando la paja en el ojo ajeno cuando no quieren ver la viga qué hay en sus ojos. Pero esto de una comunidad bajo la tierra en pleno centro de Ibagué, ya desborda la realidad de una ciudad en estadísticas quebrada, con los mayores índices de desempleo del país, pero donde no para la opulencia y el gasto de dinero por muchos de sus habitantes.

Ibagué, con o sin ciudad bajo la tierra, siempre será una ciudad macondiana y extraña, una ciudad donde reina el desempleo, pero en el día sin IVA, una famosa colchonería vendió cinco mil millones de pesos y por el mismo corte el resto de almacenes de cadena, lo que nos lleve a preguntarnos ¿De dónde sacan el dinero los Ibaguereños?, ¿Será que el dinero también está bajo la tierra?

Nos queda mucho por saber de la propia ciudad donde nacimos, crecimos y vivimos, mucho por aprender y mucho por conocer de sus costumbres, de sus gentes y de las verdades ocultadas que también construyen la actual historia de nuestro terruño.

Mientras tanto ya tenemos otra leyenda, para sumarle a la de la culebra anaconda de la laguna el toro por el sector de Picaleña, el cura sin cabeza del terraplén de la pola, la llorona, la candileja y los demás espantos que algún gobernante inmortalizo en los puentes de la avenida Ambalá.

 

 

 

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