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OPINIÓN 21-07-2020

Las redes sociales: un nuevo modelo de información y educación

Las redes sociales: un nuevo modelo de información y educación

Es innegable el cambio que el internet ha traído a la humanidad en todos sus entornos. Las campañas políticas, la moda, las compras, el emprendimiento, la educación, el acceso a información oportuna, la medicina, las comunicaciones, el entretenimiento y muchas más.

También es innegable que el uso de internet ha cambiado los hábitos y en especial el uso del tiempo y que, en esta pandemia, ha sido una herramienta útil para que la permanencia obligatoria en nuestros hogares sea menos estresante y más entretenida al ver la multiplicidad de memes, videos y comentarios que contribuyen a pasar el rato amargo que enfrentamos.

Pero tampoco deja de ser cierto que la información que circula en redes sociales carece de filtros que garanticen su idoneidad y vemos como paulatinamente se construyen mitos y falsas verdades en torno a información que nadie sabe de dónde proviene. Vía páginas web y perfiles en redes sociales se crean entornos de discusión, debate y desprestigio que tienen a sus incautos lectores inmersos en confusión, amores, odios y opiniones que no tienen fundamento jurídico ni verdades noticiosas y que rápidamente proliferan, se multiplican y terminan creando posiciones ideológicas e imaginarios colectivos que no nos permiten avanzar.

Nacen personajes denominados “influenciadores” que promueven estilos de vida, religiones, productos muchos de ellos inútiles y sin el control del INVIMA, artimañas políticas que ha dividido el país nuevamente, fórmulas para curar el covid-19 y muchas más.

Por otro lado, nacen falsos perfiles (llamadas bodegas) que se encargan de desinformar, desprestigiar, crear cortinas de humo y difundir información calumniosa.

Proliferan portales noticiosos sin ningún control periodístico en cuanto a la calidad, veracidad y oportunidad de la información lo que ha facilitado que cualquier persona como yo, tenga acceso a una audiencia y se reemplace el ejercicio del periodismo y del análisis sin consideración algún más allá que la de obtener unas visitas, tráfico u obtener ingresos por pauta publicitaria.

Y en medio de todo este panorama estamos los consumidores de esa información.

¿Pero por qué el ejecutivo, el legislativo ni el judicial han tomado medidas para controlar la información que circula en internet?

¿Acaso la libertad de expresión ha superado el derecho a la ética, el buen nombre, al control de contenidos?

¿Por qué el acceso a información es igualitario entre niños, adolescentes y adultos cuando unos y otros son claramente diferentes en su capacidad de análisis y unos más influenciables que otros con respecto a conceptos de vida, educación y salud?

Cuánta congestión hay en la justicia a causa de procesos por calumnia e injuria, publicidad engañosa, ¿estafas y pérdida de la privacidad?

El gobierno nacional y los organismos internacionales están demorados en tomar cartas en el asunto y han cedido tamaña responsabilidad al individuo en vista de su incapacidad para promover y controlar el uso de internet y sus redes sociales. Se asimila ello a la cesión de responsabilidades que el Estado hizo a particulares cuando les permitió la creación de grupos privados de seguridad que posteriormente derivó en las AUC. La ausencia del Estado en sus funciones de control y vigilancia se delega al particular.

Bienvenida la información de calidad, oportuna, diáfana, comprobable, constructiva. Bienvenidas las opiniones sin sesgo difamatorio. Bienvenido el debate sobre las ideas y la controversia respetuosa sobre temas de interés general. Bienvenida la educación virtual con calidad de contenidos. Y bienvenida la responsabilidad moral y legal sobre lo que cada uno de nosotros publicamos, compartimos y opinamos en dichas redes sociales. Y es urgente la regulación estatal para poder construir redes de información que edifiquen, eduquen y promuevan la veracidad y el buen uso de las tecnologías.

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