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OPINIÓN 18-07-2020

Es una realidad, el Covid-19 toca nuestra puerta

Es una realidad, el Covid-19 toca nuestra puerta

Por: Gustavo Osorio

Esto del Covid-19 es una cosa loca: con mi esposa decidimos entrar en cuarentena desde la segunda quincena de marzo de 2020, por precaución, los niños están muy pequeños y yo tengo algunos achaques de salud que podrían eventualmente complicar el panorama.

Y es que, en sí, es como una montaña rusa, hay semanas relajadas en que pensamos que nos equivocamos con habernos decidido por un aislamiento tan drástico, miramos a los niños y se ven amarillos por la falta de sol y, entonces buscamos la manera de que el astro rey pose un rato su luz directa sobre la familia, y por momentos pensamos que debemos volver a la vida normal.

Pero justo cuando estábamos decididos a salir de nuevo a la calle y enfrentar con tapabocas y gafas la situación, llegan desgarradoras noticias de familiares contagiados en otras ciudades o países, y de amigos muy cercanos como el caso de ARMANDO GAITÁN y del Senador MIGUEL BARRETO.

Con ARMANDO GAITÁN, me une los gratos recuerdos de juventud con su padre (Quien que llevaba su mismo nombre), por aquel tiempo compartíamos en una sede política cerca de la tienda de la Sultana, una sede de juventudes y allí recibíamos su apoyo y el de otro gran amigo que ya también partió, dejando gratos recuerdos, CELIMO GRANADOS. Pero más adelante la vida me llevaría a trabajar con DIANA ELIZABETH GAITÁN, a apreciarla y respetarla. Me dolió mucho no poder acompañarla en su reciente campaña a la alcaldía y no haber sido lo suficientemente persuasivo para convencerla de apoyar a nuestra causa. Mí aprecio por ella, me reclamaba que estuviéramos por el mismo lado, pero no fue posible y, aunque con diferencias en lo político, el aprecio y el cariño siempre ha sido el mismo por ella y por su familia. Por eso la difícil situación que afecta a ARMANDO GAITÁN, ha tocado mí corazón y de rodillas he pedido a Dios, por su pronta y segura recuperación.

Por su parte, con el Senador MIGUEL BARRETO, antes de todo este asunto, nos encontrábamos en ocasiones para jugar voleibol, realmente yo para ver jugar (No es mi fuerte el voleibol), para jugar parqués, para hablar de diferentes y variados temas de la región y de política. Así mismo, tengo un singular y gran aprecio por su hermano JOSÉ BARRETO, a quién no acompañé en su campaña a la alcaldía, pero siempre le he tenido le he guardado un lugar especial en mí corazón; por eso, al enterarme de que MIGUEL BARRETO ha dado positivo para Covid-19, sinceramente me produce miedo y es un claro mensaje no sólo para mí y mis allegados, sino para toda la comunidad, de la necesidad de seguir aislados, de tomar en serio las medidas de autocuidado, de permanecer con el tapabocas cubriendo todo el tiempo boca y nariz y proteger los ojos; porque este virus ya está tocando muy cerca de la puerta de nuestros hogares.

Como las familias GAITÁN y BARRETO, hoy ya son miles en Colombia las familias también afectadas por el mismo virus, y como todos, considero que vivieron en primera medida una especie de etapa de negación de la cruenta realidad, de pensar que este virus es un invento de los políticos para robarse el dinero del Estado, elucubrando que el virus no existe; o que existe, pero es una gripa leve y que los muertos son de otras patologías, con la finalidad de que las IPS puedan cobrar el dinero que les adeudan las EPS, por la atención esmerada y altamente especializada y en consecuencia sumamente costosa que requieren de los paciente que sufren el flagelo del Covid-19. O peor, pensar que el personal de servicio de salud médicos y enfermeras que son los que más se exponen y en muchos casos ofrendan su vida por la profesión y el servicio a los demás, se asociaron en una diabólica tarea de matarnos a todos los que pisemos un hospital. ¿Podemos estar más locos, y de verdad creer semejantes sandeces?

Lo cierto es que, toda esa basura que nuestras mentes crean a causa del pánico, hace que creemos como un mecanismo de defensa situaciones tan disparatadas como las que ya señalé y otras aún peores, con la finalidad de enfrentar la muy justa y real amenaza que sería un fatídico contagio del virus Covid-19.

No existe una forma directa de probarlo, pero estoy seguro de que las preocupaciones, pensar mal, sentir mal en nuestros corazones e inventar habladurías, termina malogrando nuestros organismos, haciéndonos que así bajemos la guardia y descuidemos las medidas de autocuidado y realidad así enfermando y, dándonos cuenta que realmente el virus Covid-19 o Coronavirus existe. El caso es que la situación es grave: no se compara con una simple gripa, efectivamente mata o bueno, no a todos. Pareciera que trae una especie de lista de quienes se mueren y quienes no, el verdadero dilema es que no sabemos en qué lista estamos.

Tampoco es garantía la poca edad y la vida sana y las rutinas de ejercicio, para lo cual ARMANDO GAITÁN, es prueba de ello: un hombre sano, fuerte, atleta de entrenamiento diario, joven y sin embargo hoy está en una UCI, esperando mejorar su estado de salud agarrado de la mano de Dios, apegado al amor por su esposa, sus hijos y su familia, luchando por seguir con nosotros, luchando contra un enemigo que todos hemos subestimado, el Covid-19.

Llegó la hora que esperamos desde el 06 de marzo de 2020, cuando se conoció el primer caso en Colombia, iniciamos la escalada hacia lo que se conoce como el “Pico de la Pandemia”, y por el camino hacia el ascenso enfermarán muchos, confiando en Dios y el encomiable esfuerzo de los abnegados trabajadores de la salud, la mayoría de nosotros saldremos adelante, pero por desgracia muchos otros morirán, y serán parte de la estadística diaria que pareciera no importarnos y a la cual siempre despreciamos como inocua, comparándola con las de otras latitudes, ejercicio de comparación y desvalor que nos llega hasta cuando recibimos una llamada del hospital y, nos comunican que el siguiente número en esa fría estadística de fallecidos por Covid-19, es nuestro padre, madre, hijo, hermano o hermana, esposo o esposa, mi abuelo o abuela, a los que el desconsiderado y que pretendía que la pandemia no existía, los infectó por ir a visitar, cuando pensaba que el virus no era tan peligroso.

Nos llegó la hora, o nos autocuidamos en y a conciencia, o nos morimos; la decisión está en cada uno de nosotros, pero les ruego como ser humano, como un ciudadano más, como un cristiano devoto, como padre, como hermano, como amigo, como vecino, no arrastrar con sus decisiones mundanales que desprecian a la pandemia, a los seres que más aman. Dios nos bendiga a todos.

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