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OPINIÓN 05-07-2020

¡Todos ponemos! Por una Ibagué productiva y con empleo para todos

¡Todos ponemos! Por una Ibagué productiva y con empleo para todos

El miércoles 13 de noviembre de 1985 una erupción del volcán nevado del Ruiz, destruyo la población de Armero, ubicada al norte del departamento del Tolima, sumaron aproximadamente 25 mil muertos en una sola noche.

Entre las muchas consecuencias económicas de tan terrible hecho, se promulgo la Ley 44 de 1987 que, entre otras cosas, otorgaba incentivos tributarios a las empresas que se ubicaran en los municipios de Caldas y Tolima, que allí mismo se relacionaban.

En el Tolima, especialmente en Ibagué, se ubicaron grandes compañías como GRADINSA o FIBRATOLIMA, de las cuales hoy solo quedan sus estructuras físicas abandonadas y el recuerdo de lo que un día fue.

Por el contrario, en el departamento de Caldas, de las compañías que allí llegaron como consecuencia de la Ley 44 de 1987, hoy quedan 11 compañías en pleno funcionamiento.

Y entonces frente a esta realidad nos surge la pregunta ¿Por qué Caldas pudo mantener las empresas en su territorio generando riqueza y empleo y por el contrario en el Tolima una vez espiro la Ley 44 de 1987 las compañías se fueron de nuestra tierra dejando pobreza y desempleo?

Y el primer punto que debemos tratar es servicios públicos, como mantenemos una fábrica del sector textil como FIBRATOLIMA, en un lugar como Ibagué, donde los cortes continuos del servicio de agua interrumpen la producción, y ni que hablar del deficiente y costoso servicio de energía.

Por ello, si el Tolima y en especial Ibagué le quieren apostar a la producción de empleo, deben sus gobernantes colocar todo el esfuerzo en mejorar los servicios públicos de la ciudad, garantizar la calidad y la continuidad en el mismo, tanto de los que administra hoy el Estado como el IBAL, además exigir a los privados como la empresa de energía CELSIA, que garantice el servicio adecuado y unas tarifas justas y atractivas al inversionista.

Igualmente debe trabajarse en la seguridad, el alcalde como jefe Constitucional de la Policía debe garantizar la seguridad de todos los pobladores, pero en especial de los inversionistas y sus capitales, que se les brinden confianza y tranquilidad, no se pueden permitir que se repitan escenas como las ocurridas años atrás donde en las goteras de Ibagué, sector de Chapetón una fabrica de textiles allí ubicada, fue blanco de cilindros bomba y ataques de rebeldes que ostentaban su poderío militar para sembrar el temor necesario en sus propietarios y que sucumbieran ante la extorsión.

En el misma área de la seguridad, las autoridades deben esforzarse al máximo, desde la inteligencia policial para desmantelar y capturar a un sin numero de personas que han venido a residir a Ibagué, trayendo consigo capitales de dudosa procedencia, que no realizan ningún tipo de inversión en la ciudad, ni producen un empleo, solo se limitan a ostentar su poderío económico, sin que dejen ver actividad económica alguna, conviviendo con varias mujeres  jóvenes y hermosas y cabalgando en costosos y finos caballos con botella de wiski en mano.

Esta economía subterránea que hoy se ha apoderado de la ciudad, esta produciendo un gran daño en nuestra economía, como por ejemplo en la hiperinflación del valor de la propiedad raíz y ni que hablar del mensaje y mal ejemplo que se esta sembrando en nuestra juventud.

Y, definitivamente, si queremos disminuir esa terrible taza de desempleo que hoy afecta a Ibagué, debemos tener un cambio de mentalidad, tenemos que exigir que se nos deje de tratar a los tolimenses como perezosos y flojos, los famosos “CELIOS” pero eso se logra demostrando que somos todo lo contrario, dejando de lado la envidia y el chisme  y viendo a nuestros empleadores como una bendición y no como el enemigo que nos esclaviza, trabajando con gusto y como dice la misma Biblia, como si trabajáramos para el mismo Dios.

Debemos garantizar que en el Tolima y en Ibagué, se cuenta con la mejor mano de obra calificada del país, hay que dejar de estudiar carreras universitarias por moda, y comenzar a capacitarnos en las áreas que requiere nuestra región, para ello, la Cámara de Comercio y las universidades deben de tener un diagnostico claro de esta situación y orientar a los jóvenes hacia las profesiones o tecnologías que requieren las empresas y comerciantes del Tolima.

Por último, es necesario que nuestros gobernantes locales, unidos a la bancada de congresistas tolimenses, tramiten las leyes necesarias y hagan el lobby suficiente ante el Gobierno Nacional, para que se decrete la emergencia económica en el Tolima y, en especial en Ibagué, por las consecuencias que la cuarentena por el Covid-19 está dejando en nuestra economía, con un índice de desempleo por encima del 30%, cifra histórica y apocalíptica.

Debemos lograr revivir una ley semejante a la ley 44 de 1987, que haga atractivo la inversión en nuestra región y este momento de crisis es el indicado para lograrlo y poder pensar en un Tolima económicamente mejor, una Ibagué productiva y con empleo para todos.

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