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OPINIÓN 28-06-2020

Sin saber que decir

Sin saber que decir

La vida es una obra de teatro donde los libretos se escriben a medida que vamos comprendiendo el motivo y la razón por la cual estamos aquí. 

Hay muchos que presumen de su intelectualidad, piensan que por tener un título que los acredita profesional en un área han alcanzado todo en la vida. Pero la vida va más allá de un simple cartón universitario, va más allá de un presuntuoso apellido, va más allá de tener mucho dinero en la cuenta, va más allá de una interpretación superflua de lo material.

La vida es un rompecabezas sin bosquejo, la vida es regresar a los lugares donde fuimos felices, la vida es nadar por la imaginación de que este cuento de la vida puede ser mejor, la vida es creer en lo que nadie cree, la vida es ver por la ventana empañada por el frio con una tasa de café.  La vida es estar desesperado y no saber que hacer frente a obstáculos que se presentan en el día a día. La vida es tener miedo de tomar decisiones, la vida es causar dolor injustificado en los que más te aman. La vida es saber decir lo siento.

La vida es no saber qué hacer muchas veces. La vida es no tener nada y tenerlo todo a la vez. La vida es amar sin pensar en el mañana. La vida es intentar muchas veces no cometer la misma estupidez. La vida es tener amigos que siempre estarán ahí para reírse mientras te dan una mano. La vida es embriagarse y en medio de la resaca prometer jamás volver a tomar. Insensatez, desamor, locura, desenfreno, pasión, agresión.

Las noches oscuras y solitarias no son tan malas como muchos lo creen, llorar en la cama y, no querer salir de ella no es sinónimo de cobardía, sonreírle a quien te odia no es hipocresía, es desnudar su alma y proyectar su afrenta en un espejo. La vida huele a yerbabuena, a canela, a café, a chocolate, a mierda también. Me gusta vivir, me gustan mis hijos, me gustan mis amigos, me gusta que me abrece quien amo, me gusta leer, me gusta Wagner, me gusta Bach, me gusta Bukowsky, me gusta Vallejo, me gusta viajar sin salir de mi habitación. Y así se nos pasa la vida parpadeando, sonriendo, llorando, pero debemos mirar de cerca y comprender que nunca hemos vivido antes, entonces estamos para improvisar no para seguir estereotipos, vivimos para morir, así que dejemos una huella indeleble que cuando la señora vestida de negro llegue por nosotros, tiemble y lo piense dos veces antes de señalarnos con su dedo inmisericorde que no distingue sexo, ni raza, ni posiciones económicas. Vivir, pero dejando vivir.

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