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OPINIÓN 21-06-2020

El fin del aislamiento obligatorio. Bienvenida la responsabilidad individual

El fin del aislamiento obligatorio. Bienvenida la responsabilidad individual

Por: Juan Espinosa

El día sin IVA ha causado diferentes reacciones. Desde la alegría de algunos sectores de la economía hasta tristeza y decepción de las personas que vimos en diferentes medios de comunicación las aglomeraciones de personas que sin ninguna precaución violaron los protocolos de bioseguridad para evitar el contagio.

La alocución presidencial deja claro el éxito comercial con ventas cercanas a los $5 billones de pesos. Sin dejar de manifestar que hay que tomar otras medidas adicionales que mitiguen los inconvenientes para futuros “días sin IVA”.

Ciudadanos ejemplares en ciudades como Ibagué nos debe permitir además auto elogiarnos y reconocernos como una ciudad donde el contagio aún es mínimo, cerca de 215 en una población mayor a 500.000 habitantes.

Hay lecciones que debemos aprender del día sin IVA, sin acaloramientos mediáticos y sin posturas políticas sino con la cabeza fría y aprendiendo de la experiencia.

Primero, que la bioseguridad es una responsabilidad individual. El Estado no puede controlar la irresponsabilidad de sus ciudadanos, sino educarnos para llevar la vida con calidad a través de la prevención. Si bien es cierto, el día sin IVA es una medida que incitó las aglomeraciones en las algunas ciudades y que los comerciantes de esos puntos debieron prever una mejor logística, también es cierto que nadie obligó a nadie a salir y amontonarse.

Ya entendimos que, los casi tres (3) meses de aislamiento obligatorio ha terminado y que muchos aprendimos y otros no tanto. Pero se ha marcado el fin del aislamiento obligatorio y ha empezado la responsabilidad individual. Ya estamos listos para que todos los negocios abran sus puertas. Los casi 2.5 millones de empleos perdidos, las miles de empresas quebradas, el aumento de la violencia intrafamiliar como resultado de la ansiedad y el estrés económico, y el costo fiscal para el país, cumplió su ciclo. El que aprendió ya sabe lo que debe hacer. El que no aprendió, seguirá sufriendo las consecuencias y será un individuo potencialmente propagador. De esas personas, debemos cuidarnos y alejarnos.

Un comerciante responsable, debe retirar de sus filas a aquellas personas que no acaten las normas de bioseguridad. La responsabilidad social del individuo debe ser un factor de evaluación que los empresarios deben incluir en sus contratos laborales y en la evaluación de desempeño de sus empleados. Y los consumidores, debemos premiar a los empresarios que cumplan los protocolos y dejar de ir a aquellos que los incumplan, aunque sus precios sean bajos. No podemos sacrificar la calidad de vida, ni la vida misma por un precio bajo.

Segundo, con la centralización de las decisiones en presidencia, los sectores activados han demostrado la fuerza política que tienen a través de los gremios para que sean rápidamente abiertos sus sectores. Otros gremios quedaron relegados y continúan callados sin corresponder a sus afiliados en ejercer mecanismos de presión y representación. Y es aquí donde los alcaldes deben ampliar la apertura de esos sectores que son importantes en su ciudad, los alcaldes también deben dar la pelea por aquellos sectores que son importantes en cada uno de los municipios que ellos administran porque de ello depende la calidad de vida de sus conciudadanos, el empleo y las finanzas municipales. Necesitamos que los alcaldes defiendan sectores de la economía, aunque no estén agremiados o aunque sus gremios no tengan fortaleza política.

Tercero, la reapertura de clases presenciales para nuestros hijos. Si no es posible hacer que el adulto cumpla, imaginemos un niño en su tiempo de descanso (recreo). El niño va a ser niño por muchos años más. El Covid se quedó en la humanidad y el desarrollo de vacunas no hace deseable que nuestros niños se enfermen para después someterlos a tratamientos dolorosos y con secuelas aún incalculables. Considero que los alcaldes deben evaluar el contagio individual y retomar las clases a su normalidad. Una medida puede ser, comenzar por los niños de los grados noveno, décimo y Once, que ya están más conscientes de sus deberes y sobre esa experiencia ir incorporando los demás grados. Seguramente los más chiquitos, este año no irán a sus escuelas y colegios en aquellas ciudades de alto grado de contagio.

Una de las grandes falencias de la Presidencia ha sido considerar que todo el país debe estar igualmente aislado. El aislamiento debe ser determinado por cada ciudad y la reactivación estudiantil, comercial y social debe ser aquella que cada municipio requiera. Y nosotros, como ciudadanos responsables, debemos cumplirlos por convicción.

Bienvenida la autodeterminación, bienvenida la descentralización de las medidas administrativas y que los alcaldes definan su propio destino basado en los niveles de contagio de cada municipio. Y bienvenida la nueva forma de convivir.


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