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OPINIÓN 14-06-2020

La bruja que consultaban algunos políticos tolimenses

La bruja que consultaban algunos políticos tolimenses

Por: Gustavo Osorio

Para el año 2010, un amigo, que se había desempeñado como congresista, fue calumniado por una banda de cuatreros y extorsionistas, y juzgado por la Corte Suprema de Justicia, hoy en su mayoría investigada y entredicho por haber conformado un “Cartel” para arreglar casos al interior de la misma, no sólo sufrió injustamente, sino que debió además soportar otra clase de ataques.

Hasta el patio de reclusión en la cárcel La Picota, en Bogotá, iba yo habitualmente los fines de semana a visitarlo, mientras estuvo allí; en una de esas visitas, me contó que en el intenso frío que reina entre los barrotes y rebota entre los muros de La Picota, él no lograba conciliar el sueño como antes y en las noches además de perturbado, lo asaltaba un extraño calor que le recorría el cuerpo y lo hacia sudar como un animal.

Me hizo saber, que todo aquello que sentía no era normal, y entonces me encomendó la misión de conformar un equipo de investigación que indagara sí alguien en el Tolima le había mandado a hacer un trabajo de brujería. Asunto que me dejó perplejo, pero bastante intrigado y sintiendo la obligación de cumplir con la labor.

A mi regreso a la capital tolimense, me reuní con un gran amigo y, hasta hoy compañero de vida y de aventuras en quien confío plenamente, al cual le conté la tarea en la que me encontraba y, después de un rato de discutir sobre el tema, recordamos que una pareja de amigos que en ese entonces eran lideres en la región del movimiento LGTBI, alguna vez nos habían comentado de la existencia de una sacerdotisa cubana, también de su comunidad, que acostumbraba venir a Ibagué, a visitar los bares de la ciudad y atender algunos clientes en la lectura de los caracoles y rituales diversos de la santería, entre la larga lista de clientes de aquella pitonisa, se encontraban en ese entonces muchos políticos de la región, algunos y algunas de ellos aún hoy ejercen y ocupan importantes cargos en la ciudad y en el departamento.

La pareja de amigos al escucharnos la historia que les contamos, nos confirmó que efectivamente ésta bruja tenía como cliente a un diputado de esa época, quién a su parecer, tenía razones para culpar a nuestro amigo de sus desgracias y había contactado a la bruja para hacer daño y supuestamente devolverle el mal causado, al ex congresista.

La pareja inmediatamente indagó que la bruja se encontraba justo ese día en Ibagué y, con mí compañero de misión, nos dirigimos hasta su “consultorio” temporal, el cuál se encontraba ubicado en una casa de un barrio popular de la ciudad, una vez allí, nos presentamos; al verla, era imposible no sentir frío correr entre las venas, y profundo temor ante lo desconocido. Sin lugar a dudas, no tiene uno que ser creyente para comprender que se está ante una presencia efectivamente perversa y que, evidentemente, estábamos frente a la obra de el Diablo. Aquella bruja tenía un aspecto de cuerpo delgado en extremo, sin cejas, ni pestañas, al punto que no se lograba identificar si era un hombre o una mujer, pero al ella hablar con su voz pastosa, entendimos que estábamos frente a un ser humano culto, quizá preparado intelectualmente, y que, sin lugar a dudas, conocía los secretos de la santería. No se trataba de una persona cualquiera.

Protegidos por el valor que siempre nos ha caracterizado a mí amigo y a mi, le enfrentamos y le dijimos sin rodeos cual era el motivo de nuestra visita; nos miró detenidamente (por un instante me pareció una pequeña eternidad) directo a los ojos y al verse sin escapatoria, nos preguntó “¿ Vienen a matarme?”, a lo cual le contesté, por supuesto que no toda vez que no somos personas violentas sino pensantes, y le dije que veníamos a que nos ayudara a solucionar el problema que nuestro amigo tenía, para que así recuperara su tranquilidad y su sueño.

Nos miró de nuevo con cierta perspicacia; creo que ya ella o él, también tenía temor, al verse descubierta, nos confesó quién le había pagado para realizar el sombrío trabajo, cómo lo había realizado y, entre muchas otras cosas, nos expresó que habían matado un gallo y habían rociado el palo de mango del frente de la Gobernación con su sangre, en sacrificio a sus dioses y así, lograr su nefasto cometido.

Nos dijo que volviéramos a la cárcel y nos indicó en que lugares se encontraban “los entierros”. Unos días después los sitios y la información fueron verificados y corroborados; la sacerdotisa pidió poder visitar a nuestro amigo en prisión, pero él jamás lo permitió.

Cosas como ésta que hoy les cuento, conductas tan apegadas al mal, son capaces de ser ejecutadas por los hombres y las mujeres por ansias del poder político. Sé que cuando muchos lean esta historia, sabrán que hacen parte de ella y que creyeron que jamás sería contada, pero se equivocaron.

Ojalá les sirva con lección, para que recapaciten y cambien y pongas sus sueños y sus metas ante Dios y no se valgan del lado oscuro que solo trae ruina y amargura.

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