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OPINIÓN 25-02-2020

De político a escritor

De político a escritor

De joven me gustó la política, soñaba dando discursos en la plaza pública exponiendo tesis y planteamientos que convencieran a mis electores. Fantaseaba sentado en el congreso de la republica legislando para mis votantes, imaginaba que el mundo tenia salvación. A muy temprana edad participe como candidato al consejo de juventud de mi ciudad natal y, adivinen… Obvio que gane, hice campaña como buen político, seduje mentes y conciencias con propuestas de valor, quería verdaderamente aportar y generar un cambio en la sociedad.

Con ímpetu empecé mi carrera política, sentía que tenía un futuro prometedor y aspiraba aportar ideas renovadoras que generaran cambio. Me relacioné con personas importantes del medio, conocí personalidades con amplio bagaje que me dieron buenos consejos para llegar lejos.

En una oportunidad almorcé con una importante senadora que me enseñó que el pollo se coge con las manos y no con tenedor. Así fue de larga mi carrera política, lo que dura un pollo en un asador, lo que demora un gallo apareándose, un soplo, un respiro, un estornudo, un parpadeo.

Me cortaron las alas, o quizá yo me las corté cuando percibí que el discurso es muy distinto al político, que el político piensa en su bienestar y después en su trabajo, supe que el ser político es como cualquier profesión, ¿o será que el ser humano en medio de su egocentrismo e individualismo va ante poner personas que si acaso ha visto en su vida para renunciar a sus prioridades?, lógica elemental responde esa pregunta, es por eso que después de las elecciones el político huye, se esconde, se blinda, no contesta el celular, cambia de residencia, no saluda, se hace el ciego, difícilmente cumple, porque no está pensando sino en su bienestar en seguir su carrera, en aspirar más, en ganas más, llegar más lejos.

No digo que pensar en su bienestar primero este mal, al contrario, es muestra de que son personas común y corriente, con necesidades, con miedos, con angustias, con dolores. Son seres humanos que eligieron cambiar el mundo, lo que pasa es que en el camino se extraviaron, se encontraron con varios de los arboles prohibidos del jardín y comieron su fruta y les quedo gustando y, no los culpo vaya frutas las que se encuentran, grandes y jugosas y, el que apenas está empezando a caminar por el sendero de esta profesión muy pronto probara alguna uvita y de uvita en uvita llegara al melón.

Por: José Antonio Buenaventura Castro


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