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OPINIÓN 20-11-2019

Delirio

Delirio

Hace unos años quería ser un prolífico escritor, pero el devenir de la vida al estilo Hegeliano fue mostrándome que tal deseo era un espejismo o mejor una utopía.

Desde entonces escribo para mí, para desahogarme, para transportarme al lejano mundo mental de la soledad asistida. Escribo sin tapujos, sin miedos, diciendo lo que llega al buzón de mis ideas, no buscando la aprobación de ningún ávido lector, sino un sentimiento interno de tranquilidad.

Es difícil ser escritor en un mundo donde las sensaciones han perdido su mágica fuerza, es más, tal como veo la vida el mundo, sin duda alguna, se echó a perder. La gente sale adelante y ocupa puestos de nivel sin leer un solo libro, ahora hay muy pocos inteligentes, la inteligencia se está extinguiendo.

Conozco gente escasa de neuronas que ocupan puestos importantes, pero la mano negra y oscura de las “palancas” han llevado a nuestra sociedad a una mediocridad galopante. En la actualidad el arte es un lujo, se confunde el arte con la artesanía, ya nadie lee a los clásicos, casi nadie va a los museos, muy pocos saben de buena música, olvidaron a Miller, mataron a Schopenhauer y tchaikovsky, se enamoraron de Maluma y karol G y, adicional a ello, aplauden a personas y han inventado programas que se quieren parecer a este tipo de personas que están muy lejos de lo que pueda parecer cultura.

Y, es así como no se necesita demasiada inteligencia para salir adelante. He visto tontos haciendo leyes, conozco otros decidiendo lo que es mejor para la ciudad; no se requiere mayor esfuerzo para trascender en el mundo de la política, ¡Aristóteles menos mal no estas para ver la desgracia de la Polis! Soy un alineado desalineado.

No busco malas interpretaciones para mi mal llamada realidad oscura, yo no salgo a marchas, yo no me afilio a sindicatos, no me gusta el Che Guevara mucho menos Álvaro Uribe. Solo deseo escribir algo tan bueno que me permita viajar por el ancho mundo, decir algo tan sensacional que, quienes lo lean, sientan excitación mental, que alguien en la calle me diga: “Oye Bukowski Ibaguereño, anoche leí tu columna y desperté con deseos de leer un libro”. 

El arte te vuelve inquieto, el estilo te ayuda a manifestar ese arte de alguna manera, pero sé que el arte acaba las guerras, los gobiernos no. Ellos prometen libertad, pero capturan tus ideas, controlan tus pensamientos, manipulan tus impulsos y quieren premeditamente arrebatar tu inteligencia.  No necesitamos más leyes, ni códigos, necesitamos ideas mágicas que transformen esta oscura realidad, pues, aunque no lo creas este no es el fondo, siempre hay un fondo en el fondo.

Por: José Antonio Buenaventura Castro

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