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OPINIÓN 23-09-2019

Un día de vida

Un día de vida

Muchas veces no sabemos dónde ir, ni donde escondernos mientras pasa el aguacero de problemas tormentoso que nos trae la vida.

Vivir no es fácil, es más últimamente analizando mi entorno he descubierto que la vida pende de un hilo, respirar cada vez se hace más angustioso para muchos entonces; concluyo con severidad que la vida es la reunión de los desesperados, es el encuentro sin sentido de una especie que carece de razón. La vida no es una película de Disney con un fondo musical sereno, la vida es caos, lucha, angustia, perdida, dolor; constantemente los momentos de alegría están amenazados con la angustia intempestiva; o no ha escuchado usted señor lector cuando se ha reído estrepitosamente durante horas, la frase profética que avecina algún problema o dolor, “ah tanta risa debe ser que algo duro va a pasar”, entonces siempre que hay calma o tranquilidad en nuestra vida el tornado del tiempo algún desenlace doloroso deja a nuestros pies.

Bien decía el joven Andrés Caicedo que no valía la pena vivir más de 25 años, por eso con demasiado carácter y firmeza se bajó del barco de vida, dejándonos sin su presencia, pero si con su obra.

Deambulaba por las calles desordenadas de mi ciudad, mendicidad, pobreza, niños pidiendo comida, ¿que pueden pensar de la vida personas que a corta edad solo han sufrido? ¡Qué algún tipo de castigo están pagando sin lugar a dudas! Hoy día no se vive, sino que se sobrevive, pero hay que luchar por cada bocanada de aire que se respira y mandar la muerte al carajo, aunque en muchos momentos no valga la pena seguir un día más en este mundo descabellado y loco, pues basta observar alrededor y ver que la bondad se ha acabado, que la guerra es contra mi semejante, que debo cuidarme de mi vecino y no abrir mucho las puertas de mi corazón.

Pero no toda la perspectiva de la vida puede ser tan negativa, quedan salidas, hay opciones, hay múltiples formas de soportar los días, variadas maneras de sobrellevar el peso vida. Con música o sin música, pero debemos con ímpetu sortear las encrucijadas de la vida y, con unos cuantos buenos poemas en las manos, bailar al ritmo que nos toque y enloquecer de vez en cuando, gritar hasta perder el aliento, llorar bajo la lluvia no temer decir te amo y, que cuando la muerte nos visite sienta miedo de llamarnos.

 

José Antonio Buenaventura Castro

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