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OPINIÓN 16-06-2019

A las tres de la mañana

A las tres de la mañana

A muchos les gusta escucharme recitar poemas de Bukowsky a las 3 de la mañana. Pero a esa hora no quiero recitar poemas. Esa es la hora de pensar seriamente sobre el rumbo de la vida, pensar si lo que somos es lo que queríamos, si lo que hacemos fue lo que soñamos.

Difíciles cuestiones y especulaciones surgen a esa hora donde el silencio llena nuestras casas, donde la soledad embarga nuestra alma, cuando los recuerdos de verdades sacuden nuestro corazón helando nuestro ser. ¡Vaya! ¿Qué filosofía es esta? No lo sé, nuevamente señor lector no quiero que se vaya, quiero que me lea un poco y no se sienta solo. Afortunadamente desde hace unos años ya no me siento solo. Muchos años de mi vida me sentí solo, busqué llenar mis vacíos en cosas sin alma. Pero muchas veces me salvo un buen libro. Algunos dicen que no se escribir. Generalmente no escribo para generar elogios, ni para hacerme rico, mucho menos popular. Escribo porqué siento punzadas en el corazón, porqué necesito desahogarme, porqué sino escribo tal vez muero.

Entonces, es ahí donde las cosas que se hacen con el alma se revisten de inmortalidad, soy un hombre con corazón de tigre, pero alma de poeta. Eso me hace vulnerable. Muchas cosas me duelen, me lastiman, a veces no lloro, a veces lluevo, en ocasiones canto, pero a grito, cuanto pienso se abren compuertas de ideas tal vez utópicas, cuando escribo yo destilo, cuando me quiebro mil pedazos vuelan por todos los lugares recorridos y así me la paso todo el tiempo.

Como siempre quiero decir todo a la vez me quedé en que muchos años de mi vida me sentí muy solo. Como dijo un escritor colombiano que ya no me gusta, pero me gustó muchísimo y por eso no diré quién es, “aquellos años de indulgencia que se prolongan por el río del tiempo”, fueron años llenos de emociones desmedidas, de ideas altruistas que hoy por hoy son utopías, de bajones anímicos y grandes depresiones, de ir a la universidad sin desayunar por malgastar el dinero en la bohemia, de lecturas hasta las 3 de la mañana, de cantar crímenes perfectos de Calamaro a todo pulmón; años que el cauce de la vida ha ido arrastrando sin compasión y, algunos recuerdos serán gratos pero otros desastrosos, entonces la memoria se vuelve selectiva y ahí es donde extraigo lo que me lastima y olvido lo vivido. Son las tres y media de la mañana, fue una noche provechosa; mejor me voy a dormir.

 

José Antonio Buenaventura Castro

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