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OPINIÓN 28-05-2019

Volvamos a nacer

Volvamos a nacer

Por: José Antonio Buenaventura Castro

Pocos saben que muchas veces que leo un libro lloro, al igual que ha sucedido cuando he visto algunas películas. Muchos saben de mis múltiples derrotas, de mi constante agonía. Pero solo Tú, amada mía, conoces mis tinieblas y, mi oscuridad; has descendido al fondo del fondo para proteger mi integridad. Aunque no lo crean últimamente escribir se ha complicado para mí, las ideas han llovido como aguacero de diciembre y me ha costado trabajo ordenarlas para hacerme entender.

Hoy las ideas llegan, quiero escribir todo tal como llega a mi mente, pero siento temor de arruinar el texto. Quiero que esto sea algo muy literario alejado de todo tipo de formalidad, quiero sentarme con usted señor lector hablar un rato. La vida da golpes más duros que los que daba Tyzon y, no es perjudicial caer, derrumbarse un rato, deprimirse un poco, huir, llorar a la par como llueve en la ciudad; el desahogo es un mecanismo de defensa que tenemos y debemos usar. Muchas veces he estado derrumbado, tal vez toque ese tema en mi libro.

No es penoso fracasar, no hay ignominia en la desilusión, la afrenta es seguir la vida intentando ser el mismo, y no aparentar una vida perfecta y sin derrota. ¿A qué punto quiero llegar señor lector? Está muerto quien no cambia su camino, está muerto quien no se reinventa, quien no evoluciona en su trasegar por el rio impetuoso de la vida. Tenemos el derecho de reinventarnos, de decir este “YO” ya no me gusta, entonces me voy a inventar uno nuevo, es más o menos algo así: el yo, ya no quiere ser yo, quiere otro yo, o por lo menos hablando del yo interior, porque por fuer,  si no es mucho lo que podamos hacer.

Es necesario cambiar cuando no estemos cómodos con nuestro yo, o cuando las cosas no estén funcionando, si no me funciona lo que soy entonces me reinvento, empiezo de cero, perfilo mi yo de acuerdo a mi gusto, eso sí, siempre encaminado a lo que me guste hacer; he visto muchos poetas trabajando en bancos, seguro no se reinventaron, no encontraron una salida, realmente debemos hacer lo que nos apasione, lo que nuestras entrañas desee, lo que nuestra alma grita, pero muchas veces estamos tan ocupados en cosas sin alma que no la escuchamos.

Así como lo dijo Katzenbach: “el mejor juego es aquel en el que no te das cuenta que estás jugando”. Yo digo, la mejor vida es aquella que no te das cuenta que estás viviendo. Y esa es la idea de vida, no menos dolor, pero si un poco de felicidad y, la felicidad muchas veces se obtiene haciendo lo que se ama, no importa si no se gana montones de dinero, lo importante es poner el alma a cada pequeño paso que realicemos en la vida.

Entonces señor lector, recuerde que no solo se nace una vez, no tema a nacer de nuevo, a reinventarse, que es por eso que en la esquina, ya no se sueña como en nuestra infancia, sino que se arrebatan bolsos y celulares.

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