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OPINIÓN 09-05-2019

El derecho de estar rotos

El derecho de estar rotos

Por: José Antonio Buenaventura Castro

El dolor y la tristeza forman parte de nuestra vida sin lugar a dudas, se presentan de diversa forma, en diferentes circunstancias y momentos. Haciendo desear huir, o escondernos en el lugar de nuestra mayor soledad posible; pues el alma herida y compungida busca recomponerse de tanta realidad que nos rodea en soledad.

No es fácil vivir, menos en un país que se ha hecho ingrato con nosotros, o lo han hecho ingrato. Tenemos derecho a estar rotos, descocidos, a vivir con el alma a pedacitos, ¿o cuantas veces no hemos deseado bajarnos del barco de la vida? Así sea solo por unos minutos. Hemos sido náufragos en la mar de la vida, muchas veces sin rumbo, empezando de cero, sonriendo, pero internamente dolorido, pegando el alma y corazón para comenzar de nuevo, recogiendo los pedazos que nos quedan por las calles solitarias del recuerdo. Sí tenemos derecho a derrumbarnos, a no querer salir de la cama, a no querer contestar el teléfono ni responder los mensajes. Sentarnos en un parque, solitarios y pensar por horas y horas, que de tanto caminar y caminar no hemos avanzado un palmo. Tenemos derecho a descomponernos. A deambular por las aceras bajo la lluvia.

Pero cada derecho conlleva una obligación, la obligación que nos asiste al ejercitar el derecho de estar rotos o muy rotos no es despedirnos de la vida, es hacer con el dolor, con la tristeza, con los pedazos que quedan de nuestra alma, arte. He visto quienes han convertido su dolor en música, poesía o literatura. Y las mejores cosas se hacen con el alma hecha trocitos. Dostoyevski escribió sus mejores obras con su alma atribulada, Edward Munch pintó sus mejores lienzos roto, roto, demasiado roto. Beethoven compuso sus mágicas sinfonías con su alma descompuesta, Mozart por el estilo, Van Gogh ni hablar.

No se trata solo del dolor que sentimos por el hecho de estar vivos, consiste en lo que hacemos con él, la mágica tarea creadora del dolor, transmitir sensaciones y emociones mediante arte y, por más que estemos atados de manos y pies dejar obra, permitir a futuras almas rotas hacer de su dolor arte.  Es entonces nuestra obligación al estar rotos, rotos, transformar ese dolor en un caudal mágico de arte, pues el arte es la forma más sublime de expresar cualquier tipo de sensación, que por más destrozados que estemos nos componga y, nos devuelva así sea por unos días a la vida.  

Siempre he creído que para conocer y estudiar a un hombre no es necesario observar su forma de llorar, sino su forma de reír, así queda prohibido no reír, pero más prohibido no crear.

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