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OPINIÓN 28-04-2019

A propósito del día de la Tierra

A propósito del día de la Tierra

Por: Giovanny Molina

Este mes se conmemora el día internacional de la Tierra y se puede apreciar en los diferentes medios de comunicación y redes sociales, cantidad de información y publicaciones que abordan el tema desde diferentes posiciones ocupándose de distintas problemáticas. 

Y aunque de manera inicial esto es positivo porque pretende generar conciencia sobre la necesidad de protección y conservación de nuestro planeta, también termina convirtiéndose en un tema de inmediatez y de rápida digestión que pasados dos días no genera impacto alguno; en otras palabras, caemos en un activismo pasivo, ese de “escritorio que habla y analiza “ pero que no transforma, no ejecuta, no pone manos a la obra por lo menos clasificando la basura, reciclando o sembrando árboles; un activismo de dientes para afuera, que no desconecta el cargador del celular cuando no está en uso, que desperdicia el agua de la ducha mientras se enjabona, que no apaga las luces, el televisor, la radio o el computador. 

Algunos pensarán que cualquiera de las acciones anteriores, por sí sola, no transformará ni mejorará el mundo, pero la verdad es que cada acto, sumado a otro, generará un movimiento que aliviará el único planeta donde la vida es posible, tal y como la conocemos. No hay otra tierra, al menos en el inmediato plazo; no será como cambiarnos de residencia, como resolveremos el problema.

No estaría de más, recordar que el desarrollo de la sociedad y la sobrevivencia de nuestra especie esta enmarcado y definido por el aprovechamiento consciente, respetuoso y medido de los recursos naturales; civilizaciones como la egipcia, imperios romano, germano, británico y francés, no hubiesen florecido sino fuera por el agua dulce de un Nilo, un Tíber, un Rin, un Danubio, un Támesis o un Sena; culturas que aún preservan y conservan sus principales fuentes hídricas, merced de guerras y hambrunas, que se traducen en activismo real, “basado en acciones”. Fruto de este accionar, son las organizaciones que vienen trabajando desde hace más de 25 años, gestionando recursos multimillonarios aportados por organizaciones ambientalistas, el gobierno, los industriales y la misma ciudadanía.

Las acciones ejecutadas en estos ríos, no solo garantizan la continuidad del desarrollo económico de sus ribereños, sino que, a su vez, reducen costos y problemas futuros de sostenibilidad social. Ejemplo de ello, fue lo acontecido en ciudad de El Cabo en Sudáfrica: una localidad que estuvo a punto, de ser la primera ciudad del mundo en quedarse sin abastecimiento de agua potable; semejante reto administrativo y gubernamental se traduce hoy día, en el desarrollo medidas de contención con elevadísimos costos ambientales, económicos y sociales; un ciudadano no puede consumir más de 50 litros de agua al día, por ejemplo, las multas por desperdicio son altísimas y ni qué decir de los onerosos impuestos de uso, según la actividad económica. Todo por no preservar sus fuentes hídricas.

Colombia es un país que en otrora fue considerado el segundo en riqueza hídrica de agua dulce; hoy ocupamos el quinto lugar; se estima que diario en el país, se secan dos fuentes hídricas; no podemos continuar haciéndonos los de la vista gorda ante la situación de los ríos Ranchería en la Guajira, Cauca en Antioquia o Atrato en el Choco; recursos hídricos sobreexplotados más allá de su capacidad de regeneración, amenazados constantemente por fenómenos como deforestación, contaminación (químicos), explotación industrial, vertimiento de aguas residuales sin tratamiento, saturación de residuos sólidos, minería legal e ilegal, represamientos y cambios de cauce y que a todas voces, anuncian la suerte del Sambingo en el Cauca, un río que se secó completamente por cuenta de la minería Ilegal y de la indiferencia de todos.

En el Tolima somos privilegiados en cuanto a recursos hídricos; sin embargo, debemos cuidar del deterioro al río Magdalena, Combeima, Saldaña y a todas sus pequeñas afluentes; un río y sus afluentes, funcionan como las venas y las arterias que, al igual que en nuestro cuerpo, permiten la vida y el desarrollo de nuestro departamento; así mismo, debemos proteger nuestras fábricas de agua del parque nacional de los nevados: páramos y humedales que vienen a ser, el corazón que alimenta e impulsa el sistema circulatorio de esas regiones.

Sé, por demás, que todos los tolimenses amamos nuestra región y tenemos un sueño, una visión del departamento que deseamos para nuestros hijos y las generaciones venideras; sin embargo, ese ideal de territorio, debemos construirlo desde el presente; por ello, es de vital importancia que comunidad, gestores, líderes sociales, políticos o empresariales, pongamos manos a la obra y generemos estrategias que permitan el desarrollo sostenible de nuestra región; que a través de iniciativas aprobadas y dirigidas desde los estamentos de gobierno y participación pasemos del escritorio a la práctica, que nuestros estudiantes de todos los niveles educativos vivan y desarrollen actividades ecológicas, no solo desde la teoría del conocimiento, sino desde el hacer, con actividades específicas de limpieza, reciclaje o reforestación; solo así, generaremos  ciudadanos en conciencia.

Darle carácter de continuidad, a acciones como el cambio de material reciclable por mercado y productos de primera necesidad, motivando a las personas a entender, que siempre que trabajemos por el medio ambiente, el beneficio será para todos.

La disminución de la temperatura del departamento es una necesidad ya sentida; si bien la temperatura promedio del Tolima se ubica en los 21,10 grados centígrados, tenemos zonas con picos hasta de 36 grados en algunas épocas del año, lo que afecta directamente la capacidad productiva y la calidad de vida de los ciudadanos; las campañas de reforestación urbana y rural, la protección de páramos, la protección de la flora en las riberas de los ríos y el control sobre la explotación maderera, son vitales y permitirán, no solo el control del temperatura, sino la regeneración de fuentes hídricas  y la recuperación de actividades de pesca, agricultura y de paso el  turismo en muchas zonas de la región.

Debemos estimular al sector industrial productivo del departamento para que instalen plantas de tratamiento de sus aguas residuales, como lo hacen en otros países, porque hacen parte de su responsabilidad social, al tiempo que coadyuvan al desarrollo sostenible del departamento; de igual forma, la construcción de estas plantas en los proyectos residenciales, garantizarían, no solo el mejoramiento de la calidad de agua, sino el abastecimiento en años futuros.

Estas, son algunas de las propuestas de mi visión para un Tolima que conserva su riqueza y su belleza natural, que contempla acciones pequeñas, pero a mi entender, de gran impacto en lo local y lo regional; propuestas que no pasarán de sueños y esperanzas, si ciudadanos, funcionarios, líderes y empresarios, no nos sumamos para hacer de nuestro Tolima, la casa la más limpia, bella y fresca de la región.

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