Última Actualización: Viernes, 25 de Septiembre del 2020

NOTICIAS IBAGUE TOLIMA | EL IRREVERENTE

Comparte en:

OPINIÓN 26-04-2019

Estoy envejeciendo

Estoy envejeciendo

Por: José Antonio Buenaventura

Departí hace unos días con unos viejos amigos y, deshilvanando recuerdos de verdades pude notar que he envejecido. Los años han pasado y aquellas aventuras juveniles han quedado en mero recuerdos de una vida que carecía de responsabilidades sustanciales. Las historias que juntos fuimos armando con retazos de recuerdos, me mostró que el tiempo pasa y nunca se detiene a pensar en cómo va tu vida. Recordamos los años de estudiantes de colegio, en locuras que en algún momento solo fueron acciones irresponsables que buscaban experimentar algún tipo de sensación de riesgo y de peligro. Reí con fuerza al recordar cuando uno de aquellos amigos, en uno de los salones del colegio comenzó a remedar al profesor más temido de la materia de química; un viejo profesor con amplio conocimiento del tema, que caminaba con cojera y hablaba como si fuera boquinche (expresión despectiva usada en Colombia), aunque no lo era, supongo que su forma de hablar se debía a algún tipo de dificultad en el habla que tal vez surgió con el paso del tiempo y nunca fue tratado. El profesor noto que aquel compañero lo estaba imitando tanto en su forma de hablar como en su manera de caminar, estaba detrás de él, todos notamos su presencia menos aquel buen imitador que seguía en su genial actuación. Al reparar que el profesor se encontraba detrás suyo viendo la forma como lo imitaba al caminar y hablar solo se escuchó la siguiente sentencia: “muy bien cheñor, muy bien cheñor, eme papaya y vera que me le lamo eche melón”. Todos supimos en ese momento que debía recuperar la materia de química y efectivamente así fue. Hoy día con el trascurrir de los años, con el ímpetu que pasa el tiempo tal vez ya no nos reímos de nadie, porque quizá otros se rían de nosotros, dada la situación de que las barrigas han crecido notablemente, se ha hecho inevitable el uso de anteojos, los pantalones suben más arriba del ombligo y el cabello se ha caído dejando al descubierto la mal llamada “calva”. Y en eso consiste la vida, nos reímos y hacemos chistes generalmente crueles de quienes nos aventajan en edad, esperando que el tiempo se detenga y nos deje siempre en la misma época, al contrario, día a día envejecemos y seremos material de buenos chistes para aquellas nuevas generaciones. Concluí aquella noche que hacemos parte de la cadena alimenticia del tiempo, que ya no somos tan jóvenes como lo fuimos, aunque nos sigamos sintiendo como de 20, y algunos sigan actuando como si tuvieran 12. Pero algún día nos miraremos al espejo con muchas arrugas en la cara y con voz diferente diremos: ¡me chiento viejo!, pero mientras eso sucede aún queda fuerza para una que otra burla respetuosa, así que prepárense.   

Comparte en: