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OPINIÓN 07-04-2019

Contando sobre él

Contando sobre él

Por: José Buenaventura 

En un país lejano que conozco muy bien, vivía un hombrecito que pensaba que era un “hombrezote”, pero en realidad era solo un ser viviente. Comía, bebía, dormía, se reproducía y, pare de contar. La gente que lo rodeaba lo adulaba, lo exaltaba y éste convencido de su buena fama seguía su vida con imponencia convencido totalmente que era una especie superior. A decir verdad, a mí no me agradaba, en repetidas oportunidades trate de entablar una conversación para entender por qué tenía tanta fama, pero era una persona demasiado vacía que no tenía nada más que hablar que de sí mismo; “recuerdo cuando hice esto, recuerdo cuando hice aquello, cuando viajé, cuando compré…”.  Que hombre más aburrido. Presumía de su falsa perfección, de su falsa inteligencia, siempre he pensado que las personas inteligentes no tienen necesidad de demostrarlo, es algo evidente, pero este hombre consideraba que su inteligencia sobrepasaba la de muchos que lo rodeaba; pero no había leído a Shakespeare, ni a Kafka, menos a Milan Kundera, jamás había oído de Bukowski, ni tenía idea de Nietzsche. A pesar de esto, cuando hablaba, alardeaba de sus dotes, se enaltecía de sus palabras y decía palabras como: efímero, quirurgo, acuciante, eufemismo, oxímoron, plausible, perdulario, conspicuo; era, realmente, un desnortado estrambótico y jactancioso, que hablaba cosas triviales sin ninguna elocuencia. Sabía cómo usar las personas, como manipular para lograr sus objetivos. Era insensible, cuantas veces vi como paso por encima de personas en completo estado de indefensión, solo usándolas como trampolín de sus mezquinos deseos. Ayudaba para ayudarse, daba para recibir, planeaba cada movimiento en beneficio suyo. El incauto transeúnte lo buscaba y le pedía ayuda, convencido de su nobleza y humildad, sus promesas y compromisos jamás eran cumplidos. Un día sentado en la puerta de mi casa aquel hombre me llamo, “Ey ey escritor” con el ceño fruncido le dije: ¡si señor!! –“¿Puedes escribir un artículo contando sobre mí?”, un frio invadió mi alma y titubeo mi voz, se entrecortaron mis palabras: No lo sé, dije con temor. –“te pagaré en dólares y muy bien”, lastimosamente últimamente mis libros no se han vendido muy bien, razón por la cual, no tuve opción más que aceptar. Y pues acá estoy escribiendo sobre él, tratando de ser lo más gráfico posible, intentando describir sus cualidades y, abusando del señor lector. Así que señor lector, verdaderamente necesito aquellos dólares, lea este texto y deme su aprobación; pues yo estoy convencido que mi cliente quedara feliz con lo que escribí sobre él, pues el trabajo que me pidió lo estoy haciendo: contando sobre él.

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