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OPINIÓN 01-04-2019

UN PARALELO AL DESEMPLEO

UN PARALELO AL DESEMPLEO

Por: Giovanny Molina

Hace casi diez años, Ibagué ocupaba el segundo puesto dentro de las mejores ciudades ideales para hacer negocios, según el Doing Business , a nivel nacional; vimos llegar grandes empresas: Acqua, La Estación, Panamericana; generaron empleos e ingresos para la capital del departamento.

Hoy, tristemente, estamos en el puesto 26 de ese importante indicador; esta posición tiende a agravarse debido a que un inversionista, difícilmente deseará establecer negocios, debido a las elevadas tasas de los impuestos, entre ellos, el del predial, que actualmente es uno de los más altos de la Nación. Aquí todo el mundo paga impuestos: hasta el más pequeño negocio, tiene que pagar por poner unas cuantas mesas y sillas en su establecimiento.

No existen motivaciones tributarias para crear nuevas empresas, y las existentes, las que llegaron por esa época del segundo puesto, están cerrando sus negocios, disminuyendo sus plantas de personal o contratando extranjeros, válgase decir, venezolanos, para pagar por debajo del salario mínimo legal colombiano.

 Si bien es cierto que los impuestos son necesarios, amén de la ausencia de políticas claras de redistribución de esos rubros, pretenderlos recaudar con tan altas tasas, en una ciudad cuyo tejido empresarial está representado en un 95% por microempresas y donde el salario promedio de un ibaguereño no supera los 700 mil pesos, raya en la injusticia.

Imagínense, que para poder darle empleo a los casi 50 mil Ibaguereños, que según el DANE se encuentran desempleados, tendríamos que crear ¡casi 17 mil microempresas generando tres empleos cada una! Me pregunto entonces: ¿cómo crear empresas con ese panorama?

Ni siquiera el sector de la construcción, uno de los que más empleos genera, se anima: en Manizales o  Neiva, obtener una licencia de construcción se tarda cuatro meses 4. En Ibagué pueden pasar entre un año y medio a dos, al final de los cuales solo obtenemos pobreza en competitividad y no solo por la paquidermia administrativa; se suman la inseguridad jurídica (cambios repentinos en decretos y condiciones de los mismos) y los altos costos por servicios públicos; muy difícil avanzar así, en materia de desarrollo económico y empleo, en una ciudad donde la regla es inversamente proporcional: a mayor desempleo, menor confianza inversionista; lo afirman los más de 11 mil bienes inmuebles desocupados en Ibagué, contra los 2500 de Pereira.

 

Muy complicado romper las barreras de los casi 14 mil ibaguereños, que viven en pobreza extrema con ingresos aproximados a $125,000; los menos (situación de pobreza) sobreviven con solo 250 mil al mes.

Toda esta problemática, será la herencia que reciba el próximo alcalde de Ibagué, junto a concejales, diputados, gobernador, instituciones de educación superior, gremios y demás actores de la ciudad, además de tal vez, el mayor endeudamiento de la historia de nuestra capital musical. Me asalta entonces otra pregunta: ¿Existirán posibilidades para los jóvenes, mujeres y hombres en etapa productiva, bajo estas condiciones? Casi imposible, pero como todo problema importante, debe ser atacado, máxime, cuando vemos que en el otro lado del mundo, también se cuecen habas, reza un viejo refrán; veamos:

En países donde existen marcas reconocidas y grandes multinacionales, todas ellas con notorios avances tecnológicos, también atraviesan situaciones.

Recuerdo que en la Universidad, cuando estudiábamos a Keynes, quien en 1930, habló del “desempleo tecnológico”, como la pérdida de puestos de trabajo por la introducción de nuevas tecnologías, veíamos ese discurso como algo improbable, porque el tema de la robotización era apenas tema de las películas del futuro; solo más tarde, en 1997, cuando Deep Blue , derrotara a Kasparov, empezaría yo a entender, que esta clase de desempleo, es un tema serio e inexorable; hoy, países como Israel, Estados Unidos o Japón, han tenido que trabajar en políticas públicas destinadas a atacar su desempleo tecnológico: es común hoy en día, ver en estos países, empresas con más de 200 millones de dólares en inversión y con solo 20 o 30 empleados, porque el resto de la planta de personal lo suplen los robots.

En este lado del mundo, todavía no vivimos en ese nivel de angustia laboral; la angustia la vivimos por otro tipo de razones; sin embargo, el momento llegará y tendremos que asumirla y enfrentarla, como lo están haciendo hoy día los países “desarrollados”. 

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