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OPINIÓN 25-03-2019

HUMANIZAR PARA LA SALUD, EL RETO

HUMANIZAR PARA LA SALUD, EL RETO

Por: Giovanny Molina

En mi ejercicio profesional tuve la oportunidad de pertenecer a varias juntas directivas de hospitales de segundo nivel en el Departamento del Tolima.

En algunas de ellas, hicimos algunos ejercicios con resultados verdaderamente satisfactorios; tal fue el caso del hospital de Purificación (Hospital Regional la Candelaria); allí logramos reducir un déficit de 12000 millones hasta los 2000; tamaña reducción, se debió a la voluntad y decisión del gobernador Óscar Barreto Quiroga, de recuperar fiscal y financieramente a este ente de la salud.

Recuerdo que muchas veces, con ocasión de las visitas, me detenía solo lo suficiente para examinar las mejoras en infraestructura y equipos de los centros hospitalarios, hecho que respondía a mi formación profesional como administrador de empresas; y digo lo suficiente, porque la mayor parte del tiempo, mi interés se centraba en la sala de urgencias, hecho, que aunque también respondía a mi otra formación académica, la de la regencia de farmacia, constituía mi mayor preocupación: la concepción humana de los servicios de salud. Suena hasta paradójico decir: la concepción humana de la salud. Bueno, mejor continuemos.

De nada vale tener la mejor infraestructura física y los equipos más modernos, si el servicio no es humano.

Un sistema de salud precario, lento y deshumanizado, que “asiste” con normalidad a los peores vejámenes de sus usuarios, solo le hace flacos favores al sistema de salud en Colombia.

Tuve que ver, por ejemplo, a campesinos que solo para llegar al hospital, habían tenido que invertir más de 7 horas de camino desde sus veredas, sin contar las que tendrían que soportar además, para ser atendidos. Se volvió “normal”, que un ciudadano tenga que esperar casi un año para una cirugía de un órgano vital como el de la visión o esperar cuatro o cinco meses para una cita médica con especialista o para que le practiquen un examen. Acceder con rapidez a cualquier servicio de salud, solo se logra con influencias de terceros; un acontecer terrible e inhumano.

Y lo peor, las deudas de las EPS a la red hospitalaria del departamento del Tolima.

Montos que superan los 300 mil millones y el Gobierno nacional comprometiéndose a recuperar esta cartera; mucha palabra y cero acción, son situaciones que agravan el funcionamiento de la inmensa mayoría de los hospitales, caso del hospital Federico Lleras, que tampoco escapa a esta pobre pero contradictoria medicación; solo para decirlo en términos galenos.

Al Federico Lleras Acosta, le adeudan más de 130mil millones, mientras las EPS, “extraen” mensual y sagradamente de nuestros bolsillos, un porcentaje que no retornan y que conduce los hospitales a su inexorable quiebra.

El sistema de salud hizo de la atención médica un mal negocio para quienes lo pagamos y lo sufrimos en carne propia, literal; para empezar, la deshumanización que solo nos ve como cifras y no como seres humanos, anula cualquier posibilidad de avanzar en el sentido de una buena y efectiva atención médica; la rentabilidad, no tiene cimiento en lo filantrópico, sus raíces subyacen en lo económico; los herederos del juramento de Hipócrates, son ahora empleados de una EPS; tuvieron que divorciar su formación académica de las necesidades de sus pacientes.

En el año 2014, la Superintendencia de Salud, entidad que vigila aproximadamente 13.000 entidades que tienen una cobertura de 45 millones de personas, tramitó un total de 692.998 peticiones, quejas, reclamos y denuncias en materia de atención en salud.

Ante un panorama tan crítico, considero de tarea, atacar dos frentes:

Obviamente, que mejorar las condiciones salariales de toda la comunidad médica, ayudará bastante; estoy completamente de acuerdo; ese sería el primer frente; pero proveer a los profesionales de la salud, asistenciales y administrativos, prestadores de servicios de salud (enfermeras, profesores, paramédicos, servicio al cliente, profesionales de gestión humana, etc.), de herramientas eficaces, asertivas, de autogestión emocional y manejo de estrés en situaciones críticas, es tan importante, y hasta más que la mejora salarial, si de lo que se trata es de impactar de manera positiva la calidad de la atención y la seguridad del paciente. No hay que olvidar que las EPS, son entidades prestadoras de “servicios” y que tienen la responsabilidad de velar por la salud de todos sus usuarios.

Hago énfasis, como lo hice al inicio de esta nota, que lo esencial, no deben ser  cemento y equipos; también y con urgente prioridad, lo social; toda la operación de prestación de servicios de cualquier entidad dedicada a tan sensible ramo, debe vertebrarse desde su componente humano. En eso reside el verdadero reto y hacia esa dirección deben apuntar los propósitos de las EPS: humanizar-se para la salud.

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