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EN PROFUNDIDAD 21-08-2022

De la tragedia a la esperanza: Familia armerita transforma vidas al ritmo de la música

De la tragedia a la esperanza: Familia armerita transforma vidas al ritmo de la música

Después de vivir en carne propia la tragedia de Armero, Sandra Echeverry junto con su esposo Juan Bautista y sus tres hijos, Sebastián, Carlos y Mateo; dieron un giro a su vida para empezar a construir aquellos deseos escondidos y metas trazadas, que desde entonces se convirtió en la razón y causa de una familia que no dejó opacar su espíritu por la tragedia.

“Fueron muchas cosas las que me marcaron de pequeña, soy la sexta hija de una mamita muy trabajadora y un papá que no conocí porque desapareció. Crecimos en un ambiente pues muy duro, somos dos mujeres y cuatro varones, mis hermanos desde muy chicos tuvieron que empezar a trabajar cuando mi papá desapareció, pues mi mamá tenía 24 años y quedó con seis muchachos, el mayor tenía ocho años”, evoca Sandra Echeverry con la mirada triste, llorosa y con su voz quebrantada. 

“Mi papá fue excombatiente de la guerra de Corea, luego de eso, conoció a mi mamá en Armero, en donde era comandante de bomberos y profesor de matemáticas en el Colegio Oficial. Cuando llega una carta citándolo al batallón Colombia No.3 en Bogotá y allí pues viaja, pero jamás regresó”, concluye el doloroso relato la también psicóloga nacida en Armero, Tolima, el 3 de enero de 1970.

En medio de tanta adversidad, esta familia quiso contribuir en una sociedad amedrentada por la violencia. Fue así como en 2008 nació “Sinfonía, casa de arte”, iniciativa que en el 2012 se consolidó como una corporación sin ánimo de lucro con espíritu transformador y vinculante, que desde sus inicios ha pretendido forjar una cultura rebosante de música, danza y educación de calidad en comunidades vulnerables, a través de una enseñanza artística que intenta traspasar a aquellas historias impregnadas de dolor, amargura y pobreza; la construcción de una misión que se enfoca en el tesoro mundial: los infantes, pero no sin antes enmarcar sus derechos, fomentarlos y enseñarles un nuevo mundo que ofrece esperanza e impulsa a un mañana con oportunidades.

En una comunidad armerita, repleta de aguerridos que hicieron del barrio “Ciudad Luz” de Ibagué su nuevo hogar, se encuentra esta corporación que logró consolidarse y se mantiene en marcha gracias a que promueve los derechos de los niños y niñas por medio de la educación, por lo que todas las actividades que realizan tanto culturales como académicas, giran en torno a este fin. Actuando en pro de la población infantil de estratos 1 y 2, de entre 3 y 16 años de edad. Esta, ejerce procesos vinculantes, transformando, motivando y proponiendo alternativas a las comunidades involucradas en las que los infantes son los principales actores, esto, por medio de la cultura musical, la danza y la formación cívica desde los derechos humanos para impulsar a la comunidad hacia la construcción de una mejor sociedad.

“Es una labor altruista que hemos hecho en 14 años en Ibagué. Es un trabajo familiar hecho con amor y convicción, en donde hemos podido llegar a muchos niños y en todo este tiempo de insistencia, hoy ya muchos niños que se educaron con nosotros han estudiado música en la universidad, otros en una profesión distinta, pero con unos proyectos de vida increíbles, fortaleciendo sus sueños y metas", resaltó Sandra con una expresión orgullosa.

Es por ello que, exaltamos la labor social de los Bautista, actores que desde su papel democrático y movilizador, le han brindado a decenas de niños y jóvenes de sectores de escasos recursos y ambientados en problemáticas sociales, espacios repletos de aprendizaje y riqueza cultural, llevando a cabo procesos artísticos direccionados a la música que integran a la comunidad, al tiempo que la fundación evita que estos se encaminen a estilos de vida destructivos (pandillas, drogadicción, hurto, etc).

La iniciativa logró incluir dentro de su territorio de acción al barrio Ciudad Luz de estrato 1 y 2, seguido de San Martín y Picaleña. Sin embargo, el deseo de llegar a más comunidades, especialmente a aquellas que son más vulnerables debido a la pobreza, la violencia y la carencia de educación; se ha visto frenado ante la falta de recursos, motivo por el que hoy solo mantienen su labor en la comunidad armerita “Ciudad Luz”.

Una comunidad en la que sobresalen situaciones nocivas que conllevan a la delincuencia, el expendio y consumo de drogas; lo que a su vez ocasiona una brecha entre los habitantes, por lo que la cultura se ve afectada y se transforma negativamente, lo que a su vez genera tensión entre la comunidad y la convierten en un sector vulnerable.

Y es que, la falta de espacios culturales y el poco acceso gratuito a dichos lugares en la ciudad de Ibagué, limitan a aquellas personas que desean estudiar en el ámbito artístico, pero que por circunstancias personales y económicas se han visto imposibilitadas para participar en este tipo de actividades. Por lo tanto, es necesaria la movilización, en el que un determinado grupo de personas trabajan colectivamente en pro del desarrollo y la inclusión social, un ejemplo claro de ello es la labor que desempeña la fundación.

"Sinfonía, casa de arte" ha logrado mantenerse, gracias a su vocación de servicio y amor a la comunidad, impulsándola hacia la construcción de una mejor sociedad. Esta, está conformada por la fundadora y directora de la fundación, Sandra Echeverry; el también fundador, Juan Bautista; el profesor de la fundación y cantante de la banda “Dharma”, Juan Sebastián Bautista Echeverry (segundo hijo de Sandra); profesor y músico de la banda “Dharma”, y Carlos Bautista Echeverry (primer hijo de Sandra).

Algunos de sus pupilos hacen parte de la orquesta “Crescendo”, el grupo de danza Ritmos, el de artes plásticas y pintura denominado “Dalí”, la orquesta infantil y juvenil “Staccato”, la banda “Dharma”, y el grupo “Sonoforte” (soy fuerte), el cual surgió durante la cuarentena.                                                      

                                                                                                           

Uno de los desafíos más importantes fue superar la crisis que nació con la pandemia de COVID-19. Pese a ello, esta valiente familia no se quebrantó y continúo aún con muchos factores en contra. Las clases se transformaron y la enseñanza se trasladó a la virtualidad durante un año, incluso se llevaron a cabo dos conciertos virtuales; pero allí no terminó todo, pues esta familia se reinventó y con ingenio, creatividad y dedicación hicieron de las tecnologías sus amigas, hasta el punto de realizar edición de video.

Tras varios meses de resguardo, a partir del segundo semestre de 2021 se retomaron las clases presenciales y las melodías volvieron a invadir las instalaciones de la corporación. Los salones fueron ocupados por los infantes y los instrumentos cobraron vida con un nuevo regreso.

“No ha sido fácil, tenemos algunas dificultades desde la parte física de la casa, ya que tenemos que abrir espacios y eso requiere la ayuda de manos amigas. Que nos puedan asesorar en cómo podemos rediseñar la casa, la obtención de más instrumentos porque nos quedamos cortos y elementos tecnológicos para poder potencializar las clases y los ensayos. En el caso de los niños de danza, necesitamos trajes, pero no tenemos los recursos, somos una organización sin ánimo de lucro y solo dependemos del trabajo que hacemos nosotros como familia”, señala Echeverry, quien alza su voz para que sea escuchada y pide el apoyo de aquellos visionarios que encuentran su labor como una manera de gestar progreso.

Y es que esta familia resiliente aporta el 98% de sus recursos para mantener en pie a “Sinfonía Casa de Arte”, por lo cual se dificulta cubrir todas las necesidades y hacer realidad más de los tantos proyectos que tienen en mente, pero que a falta de recursos económicos se han mantenido en pausa.

Hoy Sandra y su familia continúan trabajando de la mano de niños y jóvenes que han encontrado en la música una oportunidad para sobrellevar dificultades y amargos momentos, haciendo de esta una herramienta para mejorar y potenciar sus cualidades. Los Bautista no pierden la esperanza de dejar un mejor mundo con su aporte y su lenguaje universal: la música.

“Creemos que la música es un lenguaje que une estratos sociales, géneros y elimina barreras. A través de la música se transforma el pensamiento y por ende la sociedad; aportar a esa construcción de paz es lo que todos queremos”, concluyó esta madre emprendedora.

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Escrito por: María Paula Castro Hernández, comunicadora social y periodista.

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